Rise of the Planet of the Apes

Al saber que harían una precuela de Planet of the Apes me entusiasmé: hace años que vi las películas (la del ’68 y el remake del 2001 de Burton) y sentía que ninguna le hacía honor al libro. Justamente una parte que ninguna película supo reflejar es aquella en donde los simios se toman el poder. Lo narran, lo mencionan, pero en ninguna queda clara la evolución de estas criaturas ni mucho menos la reacción de las personas frente a este fenómeno.

Rise of the Planet of the Apes parecía una película dispuesta a revertir eso y reflejar, por fin, el surgimiento de los simios como especie dominante. Lamentablemente, acabo de ver el trailer y quedé decepcionada. En la nueva película, los simios logran hacerse del poder debido a experimentos de laboratorio hechos con ellos. En el libro, los simios adquieren las características humanas debido a un paulatino proceso de evolución. ¿Por qué es importante como se produce el cambio? Porque refleja la visión que se tiene de la relación humano-animal. Mientras Pierre Boulle pone a los simios como capaces de llegar a nuestro grado evolutivo, los guionistas de esta nueva versión parecen dudar de tal posibilidad y creen más lógico que esa capacidad sólo se adquiera a través de los mismos seres humanos (típica egolatría especista).

Este cambio, a mí me parecer, es importante pues Rise of the Planet of the Apes, así como las anteriores películas, no reflejará el mensaje original del libro. La sensación terrible que sientes al leer como los simios evolucionaron de pronto, nos esclavizaron, se tomaron el poder y que NO HAY NADA QUE PODAMOS HACER AL RESPECTO (porque tan sólo siendo humanos ya interferimos con el comportamiento de los simios), es fantástica, alucinante. Y el cine lo ha arrebatado. Tres veces… Sin contar las numerosas secuelas.

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Síndrome de fin de semestre

A estas alturas del año es tragicómico detenerse un rato y observar a la gente que circula por la universidad. Rostros que alguna vez fueron alegres y relajados, ahora están tensos, ojerosos, pálidos y serios. La mayoría avanza con un vaso de café en la mano y con una mirada distraída. Cuando algunos se detienen a tratar con otros, sus conversaciones son quejas, preguntas sobre los trabajos y, este año, pedidos de información sobre el paro y la recalendarización de cada curso. No es para menos estar estresado: por un lado, se amontonan todas las pruebas y trabajos en un mismo período de tiempo. Por otro, los exámenes se aproximan y muchos se juegan un alto porcentaje de la nota en estos.

Y esta pomposa introducción es sólo para señalar lo obvio: padezco de síndrome de fin de semestre. Estoy agotada, he pasado algunas noches sin dormir, me estreso de sólo pensar en lo que tengo que hacer y muero de ganas por leer algo que yo QUIERA leer, de hacer algo que me divierta o que me motive. Sí, así de mañosa soy. Tengo a Jerry Mander esperándome sobre el velador. Su libro “Cuatro buenas razones para eliminar la televisión” me pide a gritos que lo lea y yo debo ignorar sus súplicas para responder la prueba de América Colonial. Mi hija me llama desde el living mientras juega con la abuela y yo debo hacerla esperar para seguir leyendo para Geografía.

Sí, ya estarán hartos de mis quejas. A veces siento que sólo escribo para quejarme. Pero ¡joder! es el espacio que tengo para desahogarme, así que me quejo nomás xD

Recuerdo que estando en la media siempre repetía que no echaría de menos el colegio (detestaba ir a la escuela). Ahora debo tragarme mis palabras, pues lo extraño. Echo de menos tener buenas notas sin esforzarme (no buenas, pero suficientes xD), tener tiempo para leer, escribir, tontear, jugar… ¡Extraño mi tiempo de ociooooooooooooooo! ¿Serán todos los próximos años así? ¿No volverán nunca los días relajados y aburridos, en donde era tal el grado de ocio que disfrutaba limpiando la casa? Cuando tienes que quedarte escribiendo un trabajo por noche es inevitable preguntarse dónde rayos quedaron esos días.

Y sí, estoy perdiendo el tiempo aquí cuando debiera estar escribiendo otra prueba. Pero, ¿saben qué? Me conformo con terminarla rápido e irme a descansar de una vez por todas. No soy más ni menos inteligente por una calificación. Mi vida es más importante.

Sí, estoy mintiendo. Las calificaciones me siguen importando. Pero no miento al decir que no miden mi inteligencia. Es un avance.

¿O no?

Sí, estoy divagando xD Sólo un último comentario: en medio de tanta crítica al sistema educacional chileno, sería bueno hacer una reflexión sobre el estrés al que nos vemos sometidos en la búsqueda de buenas calificaciones. Porque todo este estrés al final sólo se debe a esos numeritos. Sería mucho más productivo aprender sin toda esa presión, pero ya escribiré sobre esto con más profundidad.

A seguir con mi prueba, ctm T___T

Vuestra humilde servidora al finalizar un ensayo o prueba.