Pizzatón vegana en Valparaíso

Lxs invitamxs cordialmente a asistir a la Pizzatón Vegana que se realizará este sábado 25 de mayo en las Oficinas del Colectivo Oveja Negra.

Tendremos varios tipos de pizzas (para servir y llevar) y bebestibles. También podrás encontrar los diseños exclusivos de Parches Insumisos.

Pizza familiar: $5.000 (sólo para llevar)
Pizza individual + bebestible: $1.500

¿Sabes de respotería vegana, serigrafía, estampas poleras, etc? Si quieres sumarte a la iniciativa sólo escríbenos para ponernos de acuerdo.

Actividad libre de alcohol y humo.

Los fondos recaudados se destinarán al desarrollo de una editorial independiente.

Ubicación:
Orompello #24, Cerro Artillería, a pasos de la Aduana vieja.

Evento en Facebook

Los Juegos del Hambre: un soplo de aire fresco

¿Han notado cuántas novelas juveniles hay en el mercado desde que salió Harry Potter? Es probable que considerando el éxito económico que supuso esta saga para J.K Rowling sean cientos los autores que se han lanzado con sus propias franquicias para probar suerte. Ciertamente no lo han hecho para comunicar un mensaje. Al principio eran malas copias de la saga del mago, pero gracias a la influencia de Crepúsculo ahora todas las novelas juveniles de fantasía y ciencia ficción (por suerte, aún en menor medida) están enfocadas en lo que más parece gustarle al público femenino: el romance. Desde zombies hasta hombres lobo caen ante la influencia de cupido.

Además del romance, todas estas sagas tienen en común es que ninguno de sus autores toma en serio a los adolescentes a los cuales se dirigen. Una relación simplona, personajes estereotipo, finales felices, poca profundidad psicológica y la ausencia de cualquier tipo de mensaje o significado lo demuestran: estos libros están escritores exclusivamente para ganar algo de dinero explotando a una juventud influenciada desde su infancia a consumir ese tipo de historias.

Cuando en el 2008 se estrenó la primera película de Crepúsculo toda esperanza parecía perdida. Las sagas semejantes no hacían más que reproducirse a pasos agigantados, así que cuando me recomendaron Los Juegos del Hambre pasé la recomendación por alto. No tenía ningún interés en acercarme siquiera a este tipo de novelas después de leer unas cuantas páginas escritas por Stephenie Meyer. Por supuesto, leer los comentarios en internet de los fanáticos de Los Juegos del Hambre no ayuda: su único enfoque es el triángulo romántico entre Katniss, Gale y Peeta, así que mi primera impresión fue que se trataba de otra saga para llenarle los bolsillos a alguien. Al poco tiempo tuve la oportunidad de leer un par de reseñas interesantes que me llevaron a tener intenciones de darle una oportunidad al libro de Suzanne Collins, pero los libros nunca estaban disponibles en la biblioteca. Al comprar mi Nook siempre habían cosas más importantes que leer, así que recién le dí una oportunidad a Los Juegos del Hambre hace una semana, cuando me regalaron el primer libro y, al no tener cerca nada más, comencé a leerlo. Fue un viaje sin retorno.

A diferencia de otras historias, lo primero que se puede notar apenas lees unas páginas es que no se trata de otra típica novela adolescente. Nuestra protagonista es una chica pobre, sumida en la miseria, sobre la cual recae el peso de mantener a su familia. Tiene un carácter rudo y hostil, pues al vivir en una sociedad dictatorial aprendió a esconder sus emociones para no ponerse ni a ella ni a su familia en peligro. Katniss Everdeen no es otra Bella Swan, ni siquiera un nuevo Harry Potter. A diferencia de estos, es una persona que debe preocuparse por su supervivencia diaria y de quienes ama, es alguien que arriesga su vida de las mismas maneras que nosotros mismos podríamos arriesgarla: pasando hambre o desafiando la ley. Además, es un personaje al que vemos deteriorarse con cada vivencia. Mientras Harry parece ser inmune a los continuos ataques en su contra (al menos hasta La Orden del Fénix), Katniss sufre con cada muerte que ve, incluida la de quienes en teoría deberían ser sus enemigos. A las heridas psicológicas se le suman las heridas corporales que va adquiriendo con las batallas y el agotamiento mental que supone aguantar todo eso. En la saga de Los Juegos del Hambre podemos leer el relato real de las consecuencias de una guerra.

La relación romántica en Los Juegos del Hambre tiene pinta de relleno en la primera novela, sin embargo al seguir con los dos libros restantes se va comprendiendo más la naturaleza del triángulo amoroso. No se trata sólo del desagradable “Team Peeta vs. Team Gale” que algunos fanáticos han asumido. Elegir entre Peeta y Gale supone, para Katniss, elegir una actitud frente a las desgracias que ha padecido. Resulta novedoso que, en una novela juvenil, la elección de pareja no tenga que ver tanto con las características de un personaje u otro, sino con lo que supone para quién está tomando la decisión (como sucedía en BtVS). Sin mencionar que esto NO es el eje de la historia. Es algo que se desarrolla al margen del relato, que forma parte del mismo pero que no lo llega a absorber.

Aún más genial me pareció el hecho de que esta saga no se trate de otra distopia en donde los malos son genéticamente malos y los buenos, buenos. Katniss sí se cuestiona las razones de sus “enemigos” para actuar como actúan y es capaz de comprender que, en otras circunstancias, ella misma o sus seres amados podrían haber caído en lo mismo (y algunos, de hecho, lo hacen). Suzanne Collins no usa este relato para darle al público lo que quiere leer: las escenas de violencia no están ahí para entretenernos, están ahí para qué veamos las consecuencias.

Los Juegos del Hambre es la saga que siempre quise escribir: ciencia ficción, política, psicología, sociología, realismo y la justa dosis de entretención y romance, todo en un sólo relato. ¿Tiene defectos? Claro, como todo, pero no cae en las mismas tonterías que el resto de las sagas juveniles actuales y se nota que Collins no parte asumiendo que sus lectores son unos descerebrados. Aunque ya están saliendo copias baratas de Los Juegos del Hambre espero que más gente tome el ejemplo de esta autora y se dé cuenta de que se pueden escribir libros entretenidos y profundos, de que es posible llegar a los adolescentes sin necesidad de darles lo mismo que ven a diario en la televisión y el cine. Espero que este soplo de aire fresco de la literatura juvenil no sea sólo pasajero y que traiga consigo un huracán que se lleve lejos todas las variantes de Crepúsculo.

My Little Pony FiM: Ideal para lxs niñxs

Desde hace poco más de dos años el “inicio” de mi Facebook aparecía plagado de imágenes y referencias a My Little Pony. Como yo vivo bajo una roca, sólo me enteré de la causa de este furor hace un par de meses atrás gracias a esta retrospectiva. Nunca fui muy fanática de los ponies y siempre me ha costado entender porqué son tan populares entre las niñas, pero CR hablaba con tanta pasión de la serie que me fue imposible no darle una oportunidad. Me alegro de haberlo hecho, pues My Little Pony: Friendship is Magic se ha convertido en uno de mis dibujos animados favoritos y también en uno de los preferidos de mi hija Samanta.

Con un título tan cursi es difícil pensar en que la serie tenga un desarrollo relativamente inteligente, ¿cierto? Pero las apariencias engañan. Pese a su aspecto y cursileria, MLP:FiM tiene un contenido que no sólo es apto para personas de todas las edades sino que también me atrevo a declararla una de las mejores series que podemos mostrarle a nuestros hijos por las siguientes razones:

i) Diversos modelos a seguir: Mientras otras series de moda entre niñas pequeñas, como Strawberry Shortcake o Monster High, se ajustan a típicos roles asociados a la mujer, MLP:FiM rompe esquemas y nos presenta una tremenda diversidad de personajes femeninos. Nuestra protagonista podría parecer la típica nerd, pero a diferencia de Ginger (As told by Ginger), Phoebe (Hey Arnold!) o Ghoulia Yelps (Monster High) que desean, ante todo, ser aceptadas, a Twilight Sparkle no le interesa socializar ni hacer amigos. Su único interés son sus estudios, al menos hasta que es enviada a Ponyville. Por fin el interés por los libros y la lectura no es mostrado como un escape para personas tímidas sino una elección libre de alguien que realmente está interesado en el tema.

La serie hace lo posible por romper estereotipos. Rarity, por ejemplo, es la típica chica elegante, interesada en la moda, la costura y las joyas. Por ello todas sus amigas creen que al ser secuestrada será la típica damisela en peligro (A Dog and Pony Show). Sin embargo, ella demuestra ser perfectamente capaz de resolver el conflicto por su cuenta, haciendo uso de las mismas características que a veces la hacen parecer más débil.

Rainbow Dash, Applejack y Scootaloo son las ponies con características menos “femeninas” acorde al estandar popular. Rainbow adora la velocidad y su sueño es volar con los Wonderbolts, los mejores voladores de toda Equestria. Además es una chica ruda, valiente y, porqué no decirlo, un tanto violenta. Applejack es casi la antítesis de Rarity; le molesta la elegancia, no le desagrada ensuciarse y su mayor pasión es cultivar manzanas en la granja de su familia. Además es una excelente atleta, una buena arreadora y, contrario a lo que uno pudiera esperar, también es catalogada como “una de las mejores pasteleras de todas”. Scootaloo, personaje secundario, es una pequeña pegaso admiradora de Rainbow. También ama la velocidad e intenta ser lo más ruda posible para llegar a ser como su heroína.

ii) Desescolarización: Si bien en el universo de MLP sí existe una escuela a la que asisten las ponies más pequeñas, toda la serie se centra en lo que aprenden Twilight y sus amigas en la vida diaria. Nuestra protagonista es enviada a vivir en Ponyville porque la Princesa Celestia, su tutora, quiere que haga amigos, reconociendo así el valor que tiene la interacción social en el aprendizaje. Incluso las ponies que sí van a la escuela (Scootaloo, Sweetie Bell y Applebloom) aprenden más fuera de esta. Hasta ahora (final de la 3ª temporada) la serie no ha mostrado ni un sólo capítulo en donde la lección aprendida tenga relación con la importancia de la escuela.

Todos los aprendizajes de Twilight (y, desde la segunda temporada, los de sus amigas) son enviados a modo de carta a la Princesa Celestia, quién actúa como un receptor pasivo de estos. Ella interfiere sólo si las cosas se ponen graves. Esta actitud me suena mucho a como las familias unschoolers actúan frente a los aprendizajes de sus hijos.

iii) Moral espontánea: Una tendencia habitual en las series infantiles es abordar el aspecto moral de la manera más burda y obvia posible. La cosa suele funcionar más o menos así: un adulto o personaje responsable advierte a los niños que no deben hacer algo, pero estos lo hacen igual, con lo que terminan descubriendo que la persona tenía razón y debieron haberle hecho caso desde un principio. Como en MLP los padres no se mencionan o apenas aparecen los personajes tienen un campo de acción más amplio y se permiten cometer errores sin que nadie les diga que lo son. Pueden descubrirlo por su cuenta, haciendo que dicho aprendizaje sea realmente comprendido tanto por ellas como por la audiencia. Aún cuando cada episodio finaliza con una narración de lo aprendido, no se siente forzado ni se siente como si los creadores de la serie tomaran a los niños por estúpidos.

iv) Respeto por los animales: Tal vez esta sea una de las pocas series en las que no se va a ver ni un solo producto cárnico. Quizás para familias no-veg[etari]anas no parezca importante, pero si crían a un niño bajo los principios del respeto por los otros animales entenderán lo complicado que es tener que explicarle porqué su personaje favorito se está comiendo un pavo. Es agradable poder disfrutar de una serie con la tranquilidad de que todos los personajes son vegetarianos, pero sin que esto resulte un eje de la serie. Cuando se pone énfasis en personajes vegetarianos, como con Sam (Danny Phantom) o Sharon (Braceface), sólo se logra presentar un quiebre con los otros personajes. Esto no siempre es negativo, pero cuando estamos intentando hacer de esto un principio familiar la idea es que no sea visto como algo extraño.

v) El romance no lo es todo: Desde Disney hasta Nickelodeon, las historias infantiles suelen estar rodeadas de amor romántico. De hecho, es el eje principal de muchas historias. Aunque a veces resulta divertido, como el amor que Helga siente por Arnold (Hey Arnold!) o permite abordar temas interesantes, como el amor más allá de las apariencias físicas en La Bella y la Bestia, lo cierto es que se ha abordado el tema hasta el cansancio. A menos que una película o serie infantil decida abordar el amor entre personas del mismo sexo, no necesitamos más historias que aborden el romance. El equipo creativo de MLP parece estar consciente de ello y ninguna de nuestras protagonistas está enamorada. Curiosamente el único personaje protagónico enamorado es el masculino, Spike, un dragón que tiene por objeto amoroso a Rarity.

En el último tiempo he leído muchas quejas en blogs de maternidad sobre la hipersexualización de las niñas en los medios y la ausencia de dibujos animados o series apropiadas para ellos. Y tienen razón: desde hace muchos años los roles femeninos infantiles han estado sumamente limitados al igual que las historias desarrolladas con ellos. Algunos personajes novedosos han visto la luz, pero me parece que nunca antes habíamos podido decir lo mismo de todos los personajes protagonistas de una sola serie. Además, aunque las historias que se abordan son más complejas que las que podemos ver en Caillou o Pocoyo, el colorido, la música y la animación hacen de esta una serie muy atractiva para niñas y niños pequeños (y, por lo visto, también para adolescentes y adultos XD) logrando mantener su atención e incluso su comprensión. Definitivamente la recomiendo. Lo mejor es que es un programa del cual pueden inspirarse muy buenas conversaciones y que podrían disfrutar todos los miembros de la familia.

{Fanzine} ¡Desescolariza-te! Alternativas al sistema escolar

¡Desescolariza-te! Alternativas al sistema escolar es la primera publicación de Ediciones Oveja Negra. Como se indica en la contraportada:

Este fanzine surge de la necesidad de recopilar y poner en un solo relato, en lo posible breve y accesible, un conjunto de saberes y propuestas sobre la educación y la escuela, que se encuentran fragmentados en forma de artículos, libros, conferencias, etc. En el contexto del fuerte movimiento estudiantil del año 2011, la ausencia de algunas perspectivas en el debate en torno a la calidad de la educación motivó la elaboración de un trabajo que espera hacer algo de bulla ahí donde hubo silencio.

Pensado especialmente para [futuras/os] madres y padres que pretenden criar a sus hijos en libertad, pero dirigido también a “escolares” que se sienten agobiados y desamparados bajo este sistema, el trabajo de los autores se verá recompensado si este folleto sirve al lector como la chispa que detone su curiosidad, su interés y e investigación personal.

No esperamos que tras la lectura de este texto comience una oleada de desescolarización masiva, pero nos alegraría que al menos tú pensaras más seriamente en hacerlo.

Te invitamos a leer, difundir y aportar.

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Revolutionary Road*

“¿Qué habría sucedido si, luego del naufragio del Titanic, Rose y Jack se hubieran casado, formado una familia y desenamorado paulatinamente el uno del otro? Pues de eso trata Revolutionary Road.”

Siempre me han gustado las películas de pareja cuyo eje central no es el enamoramiento, sino lo que pasa después. Porque en el fondo, las películas románticas son una mera fantasía: las relaciones no son perfectas ni hay un final feliz. Las relaciones son complicadas y estar con otra persona requiere trabajo, esfuerzo y tolerancia. Súmenle a esto los roles sociales, la familia y las obligaciones y tenemos una receta bastante compleja.

Bueno, Revolutionary Road es una de estas películas. Trata de Frank y April, dos personas que creían ser especiales. Pero luego, cuando los deberes ya han tocado a su puerta, se dan cuenta que han actuado igual a los demás: o sea, han antepuesto las obligaciones (o lo que en un momento creyeron que eran obligaciones) a sus sueños. Con ello, el amor que sentían uno por el otro se ha deteriorado muchísimo, pues el tedio y la decepción los hace discutir a cada momento. April trata de cambiar las cosas proponiendo que se muden a Paris; ciudad que tenía embelesado a su marido cuando joven.

“Míranos: caímos en la misma ridícula ilusión. Esta idea de que tienes que resignarte en la vida y asentarte apenas tengas hijos.”

Por un momento las cosas parecen ser diferentes. Sus amigos reaccionan como si planearan una locura, pero eso sólo logra hacer que la sensación de ser especiales regrese y con eso, sus esperanzas. Pero como suele suceder, esta fantasía dura poco. Pronto Frank recibe una oferta de aumento y duda del viaje. Cuando April descubre que está embarazada, él se decide definitivamente a cancelar la ida a París, destruyendo el poco amor que les quedaba y todo desemboca en un terrible suceso.

Me encanta como la película muestra tantas ideas que, inevitablemente, te dejan pensando. Como por ejemplo, cuando la pareja decide mudarse, el único capaz de comprender sus motivos es un loco (hijo de unos amigos). El resto de las personas sólo cree que están siendo infantiles. Esto nos deja pensando en qué es la locura, sino salirse del camino que han marcado para nosotros. Y justamente, el que la escena de la conversación entre el matrimonio y el loco se desarrolle en el bosque no es casual: es ahí donde pueden ser ellos mismos, lejos de las construcciones de una sociedad que les exige cada vez más.

Por otra parte, Revolutionary Road nos muestra como el peso de lo establecido es tan fuerte que incluso termina por convencer a Frank. Lo curioso es que en el fondo todos saben que el viaje podría ser algo magnifico… Desde los amigos de la pareja, hasta el mismo Frank, pero no quieren aceptarlo. Esa idea de que una persona elija mentirse para conformarse con la realidad que vive, es aterradora… Pero lamentablemente, no es pura ficción.

“¿Sabes qué tiene de bueno la verdad? Que todos podemos reconocerla por mucho que hayamos vivido sin ella. Nadie olvida qué es la verdad, sólo nos volvemos más diestros mintiendo.”

En algunas páginas comentan que la intención de la película era mostrar el matrimonio casi como un cáncer del amor. A mí no me parece que ese sea el mensaje. Si vemos la película atentamente, podremos notar que Frank y April sí se aman y sí existe pasión entre ellos, pero todos esos sentimientos se están extinguiendo por las exigencias externas y por las necesidades no satisfechas. Entonces, más bien lo percibo como un llamado de atención sobre los errores que se pueden cometer en un matrimonio y en la misma vida al no hacer lo que uno quiere y al preocuparse tanto de las apariencias y del qué dirán.

*Texto publicado originalmente en Maldito Protozoo.
 
 

Y enseñar locamente

Título original: And madly teach
Autor: Loyde Biggle, Jr.
Año de publicación: 1966
Género: Ciencia ficción
Editorial: Bruguera
Edición: 1973, publicado en Ciencia Ficción, Tercera Selección

Mildred Boltz es una profesora de inglés que ha ejercido su profesión por veinticinco años. Es lo que la apasiona y lo que en un principio la llevó a enseñar en una colonia en Marte. Sin embargo, problemas de salud la obligan a regresar a la Tierra, en donde descubre que el sistema escolar de este planeta es completamente distinto y su metodología -clases presenciales, exámenes, jerarquías- es considerada obsoleta. Boltz deberá competir contra otras insólitas formas de enseñanza para poder mantener su puesto y así seguir trabajando en lo que ama.

En adelante, es posible que te encuentres con spoilers. Si no has leído este cuento y no deseas leer adelantos de la trama, no sigas leyendo.

Una de las cosas fascinantes de la ciencia ficción es que la mayor parte de sus autores buscan hacer una suerte de advertencia al lector. Esta advertencia suele estar enfocada en que lo que solemos considerar “progreso” no siempre tiene los efectos deseados y a veces nos pueden jugar en contra. No es que estos autores no aprecien lo positivo que han logrado los conocimientos científicos y tecnológicos; sólo tratan de ver las dos caras de la moneda. Y así es como nos hemos topado con libros sumamente certeros en cuanto a sus “predicciones”, como El mundo feliz de Aldous Huxley.

Y enseñar locamente no es la excepción; la idea de este relato es presentar los potenciales peligros de la educación llamada progresista y al mismo tiempo los peligros “de un posible «buen» uso de la televisión” (50). Mientras en Marte Mildred Boltz practicaba una metodología de enseñanza de corte tradicional, en la Tierra la educación se imparte a través de las pantallas a miles de jóvenes al mismo tiempo. Sin exámenes ni la presencia de los estudiantes, la única forma de medir la calidad de un profesor es a través de una especie de rating; el Trendex. Por esa razón los profesores, en lugar de esforzarse por enseñar bien, tienen que esforzarse por entretener lo mejor posible a su audiencia y así evitar que cambien de canal.

Si leen mi blog habitualmente se darán cuenta de que estoy totalmente en contra del sistema escolar tradicional y siempre estoy buscando alternativas al mismo. Y enseñar locamente, por el contrario, plantea que el sistema tradicional es bastante bueno y llega incluso a utilizar uno de los recursos más odiosos que tengo que enfrentar al momento de conversar o discutir sobre educación con alguien: “Una pregunta, caballeros. ¿Cuántos de ustedes han recibido su educación bajo esas funestas circunstancias [escuela tradicional] que tan elocuentemente acaba de describir Wilbings? […] Y díganme, señores, ¿atribuyen ustedes su actual estado de «degeneración» a este sistema educacional tan siniestro?” (84). Se trata del típico apelativo a la experiencia, que pasa por alto el hecho de que es muy poca la gente que va a reconocer falencias en sí mismo o que es capaz de determinar el origen de las mismas.

Pese a ello, me gustó el cuento de Biggle. Es decir, está bien escrito (los personajes son bastante planos, pero se comprende, pues la intención era presentar la idea no profundizar en la psiqué de estos) y además la advertencia hace bastante sentido. En busca de mejorar el sistema tradicional de enseñanza se puede caer en soluciones que en realidad no lo son. Por ejemplo, cuando algunos autores señalan que los niños deben entretenerse con el aprendizaje se refieren a un proceso natural, de sincero interés y no a algo forzoso que deba lograrse a través de efectos visuales o bailes eróticos.

Además, el cuento tiene algo muy rescatable y que aún hoy es una lección importante: el énfasis en la necesidad del contacto humano para poder aprender. Es decir, podemos aprender de libros y pantallas, pero es en la retroalimentación con otros en donde se encuentra la riqueza del conocimiento humano. A través de su protagonista, Biggle nos recuerda que la educación no sólo es impartir “conocimientos”, sino también fomentar los espacios de interacción que, en un mundo en donde priman las pantallas, se hace sumamente necesario.

Práctica docente: más allá de la transmisión de contenidos*

Es muy común leer y escuchar que un profesor debe manejar muy bien todos los contenidos que enseña. Es más, en la actualidad la evaluación docente chilena pone especial énfasis en dichos contenidos. Sin embargo, en Finlandia, país destacado por su excelente educación, los profesores pueden llegar a enseñar más de dos materias sin ser especialistas en ninguna. Allá la importancia radica en las técnicas pedagógicas. Como señala un documento que trata el tema: “Para los alumnos, el objetivo es que se familiaricen con una visión integral del desarrollo humano y con la interacción profesor/estudiante, así como con las teorías científicas sobre educación, aprendizaje y desarrollo, y su aplicación a la docencia y al trabajo del profesor” [1].

Es cierto que los profesores fineses sí estudian los lineamientos básicos de todos los cursos que se enseñan en el sistema escolar de dicho país, por lo que tomemos un caso más extremo: ¿puede un profesor enseñar una materia de la que no sabe nada? Jacques Rancière planteó que sí en su libro El maestro ignorante. Cinco lecciones para la emancipación intelectual (1987) [2]. En el texto, Rancière usa la experiencia de Joseph Jacotot para analizar las teorías en torno a la educación emancipadora, en la que el profesor es un guía y no una enciclopedia con patas.

“La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro” [3].

Maria Montessori también planteó esa posibilidad y en los principios de su pedagogía se señala que “el mayor signo de éxito de un maestro… es ser capaz de decir: «los niños están trabajando como si yo no existiera»” [4]. Este método ha probado ser muy efectivo, tanto en educación preescolar [5], como en la básica [6] y en la media [7].

Pero no sólo los métodos implementados en instituciones sirven. Son miles de familias las que se bajan del sistema cada año para probar con la educación en el hogar, conocida como homeschooling. Su vertiente más “underground”, el unschooling, en lugar de emular la escuela en casa (como hacen algunas familias) desestructura la creencia de que el aprendizaje debe ser sistemático, dividido por materias y aprendido sólo desde ciertas fuentes. El unschooling plantea que estamos siempre aprendiendo y los padres sólo tendrían que darle un cauce a ese aprendizaje, pero no obligarlo ni coartarlo.

Katheleen McCurdy, que educó a sus cinco hijos en casa (y estos a su vez educaron a los 12 nietos de McCurdy de la misma forma) [8], comenta que aun cuando ella no era buena para las matemáticas uno de sus hijos estudió ingeniería: “un padre siempre buscará la forma de que su hijo aprenda lo que quiera” [9]. José Miguel Castro, profesor de la Universidad de Cantabria, plantea que cuando a un niño se lo deja aprender por su cuenta se produce una suerte de deriva que adquirirá sentido más adelante. Pero para eso es necesario que el educador, sea profesor o madre/padre, se convierta en “un asistente que proporciona a quienes participan en este aprendizaje los materiales que necesitan y les asiste en sus necesidades inmediatas, pero que no se adelanta a esas necesidades ni juzga el proceso ni el resultado” [10].

Para aprender no necesitamos profesores que manejen toda la disciplina que van a enseñar. Es más, sería mucho mejor si este asumiera una postura humilde y motivara a los educandos a aprender por sí mismos. Este tipo de educación no sólo muestra resultados visibles en cuanto a aprendizajes, sino que genera una relación horizontal con el educador, otorgando al estudiante la libertad de cuestionar y disentir que tanta falta hacen en las aulas de clases y en la ciudadanía. Ante los problemas ecológicos y sociales que enfrenta nuestra sociedad, individuos que sólo saben repetir viejos conocimientos no sirven. Como planeta necesitamos personas que sean capaces de mirar hacía nuevas perspectivas y claramente el sistema escolar tradicional no lo permite [11]. Pero no sólo hay que mirar lo global, sino también lo personal: los jóvenes difícilmente van a sentirse felices y plenos en un entorno que les impide satisfacer su curiosidad innata y sus propios intereses.

*Texto publicado originalmente en Contrainformación Estudiantil bajo el título de Derribando mitos: 1º El profesor debe saberse los contenidos al derecho y al revés.