Reflexiones en torno al movimiento childfree

Existe un movimiento que se hace llamar Childfree, o sea, libre de niños. Son personas que eligen no tener hijos, cada quién por razones diferentes. La primera vez que me topé con datos sobre estas personas fue cuando, irónicamente, buscaba información sobre el libro de A.S. Neill, The Free Child. Pero bueno, tampoco es que me haya sorprendido mucho. Son muchos los jóvenes a los que he escuchado comentar que no quieren tener hijos (aunque, curiosamente, ninguno de mi círculo de cercanos… esos son todos “guaguateros” ^^) y desde mi abuela hasta mi propia madre han comentado que tener hijos no es lo que esperaban (y considerando sus actitudes frente a la maternidad, estoy segura de que eso quiere decir que desearían no haber tenido hijos) (debo ser adorable para que piensen así jajajaja xD) Sin embargo, de lo que he leído y conversado al respecto, sí hay algunos puntos que me sorprendieron y que quisiera comentar con ustedes. Separaré dichas apreciaciones según la razón de las personas para no tener hijos.

Motivos personales: Desagrado hacía los niños, no sentirse preparado, simplemente no tener ganas de ser madre o padre, etcétera [1].

Con respecto a quienes eligen no tener hijos por motivos personales no hay mucho que decir: es una cuestión de cada quién y lo cierto es que me alegra que exista gente lo suficientemente honesta como para admitir que no posee condiciones para criar. Lo que sí me molesta es que prácticamente quieran armar una sociedad sin niños. En Chile por suerte aún no pasa (quizás sí con los arriendos u.u), pero en Europa y USA son varios los restaurantes [2] [3] [4] y hoteles sin niños [5 (no soy la única que confundió chilfree con free child xD)] [6] [7], hay aerolíneas childfree [8] y hasta quieren establecer horarios en las grandes tiendas para que las personas sin hijos puedan comprar “tranquilas” [9]. No sé ustedes, pero a mí me molestan muchísimo ciertos grupos humanos, pero no por eso sugeriría un espacio en donde se los excluyera. Sé que es algo personal y así lo mantengo. En cambio se quieren establecer normas que excluyan a los niños porque cierto grupo considera, a priori, que son molestos.

¿Por qué rechazar a los niños es un derecho del local, pero rechazar a un negro es discriminación? ¿Acaso la acción no es la misma? Si ya estamos creando a un par de generaciones de jóvenes descontentos debido al adultocentrismo (se hace lo que el adulto y la autoridad desean, jamás o muy pocas veces lo que el niño quiere), ¿qué se puede esperar de aquellas personas que crecerán siendo discriminadas de local en local sin que nadie diga nada al respecto más que “están en su derecho”?

Motivos ecologistas: el mundo está sobrepoblado, calentamiento global, hambre mundial, etcétera [10]

Ni siquiera siendo anarquista, vegetariana y ecologista logro entender a las personas que deciden no tener hijos por motivos “altruistas”. Porque, ¡vamos!, ¿cuántos años van a estar predicando antes de que alguien les haga caso? Ellos, con su conciencia, van a dejar de tener hijos, pero hay millones y millones de personas a las que no les interesa su postura y que van a procrear igual. ¿No tendría más sentido tener hijos y criarlos en contacto con el medio ambiente para que puedan crecer y respetar el mundo al que llegaron? El ser humano no es dañino por naturaleza: tener hijos no implica que estos van a llegar al tiro destruyendo el ecosistema.

Además, con respecto al hambre y a la sobrepoblación hay que dejar algo bien en claro: pasamos hambre porque no administramos bien los recursos. Una dieta ovo-lacto vegetariana y, en especial, una dieta vegana, a nivel mundial permitiría que muchas menos personas pasaran hambre [11]. Si a eso le agregamos una distribución equitativa y acabar con el desperdicio (cada año los supermercados y otras tiendas botan toneladas de comida en lugar de regalarla [12] [13]) tendríamos comida suficiente para todos los seres humanos. Eso mismo sucede con la sobrepolación. Los espacios no se ocupan bien: mientras unos sectores están despoblados, otros tienen un exceso de personas. Frente a las numerosas posibilidades para solucionar los problemas que enfrentamos, a mí me parece una solución simplista elegir no tener hijos.

(A propósito, vean la introducción de la película Idiocracyhttp://www.youtube.com/watch?v=IAYNHtEDz64 )

Posturas antinatalistas: es inmoral traer niños al mundo cuando este es un lugar tan violento, en la vida sólo se sufre, etcétera [14]

Aquí también la cuestión me parece más personal, pues si a alguien le parece inmoral tener hijos, allá él. Sin embargo, como siempre sucede con los asuntos morales, el tema pasa a ser colectivo cuando se intenta imponer e incluso difundir (si elijo difundir algo es porque lo considero de interés colectivo y deseo que otras personas compartan mi postura).

La visión de que el mundo es un lugar demasiado violento para traer niños al mundo también la tuve. No era algo tan radical como criticar a otros por tener hijos, simplemente era una sensación momentánea. Pero de a poco fui aprendiendo a apreciar los diferentes placeres que conlleva vivir y eso que estoy pendiente de todos los horrores del mundo mucho más que la mayoría de las personas. Sólo que no me parece argumento suficiente para no tener hijos el que exista una guerra en el otro extremo del mundo. Si fuera en donde vivo, no, no tendría hijos. Pero no es así: en mi entorno mi hija podrá disfrutar de un bosque frondoso, de una buena lectura, de viajes, juegos, amigos, amor familiar… Incluso si llegara a pasarle algo, sentiría que su vida valió la pena, como alguna vez me comentó Marcelo Fuentes sobre su propio hijo [15].

Últimas reflexiones

No creo que ser madres o padres sea una necesidad. Al igual que muchos miembros del movimiento childfree, considero que las personas deberían reflexionar mucho más sobre el acto de tener hijos, pues no es cosa de tener sexo y parir: es una ardua responsabilidad que requiere muchísimos más sacrificios de lo que muchas personas están dispuestas a hacer (por algo hay tantos padres dejando a sus hijos llorar para ellos seguir con su vida “normal” o dejándolos en las salas cunas y escuelas como si estas fueran un estacionamiento de niños). También pienso que los tratamientos de fertilidad son tomados con demasiada ligereza: un buen número de mujeres termina teniendo partos múltiples de más de tres niños, lo cual no es sano ni para ellos ni para los padres. Es cierto que no siempre pasa, pero en algunos países simplemente no se toman los cuidados necesarios [16].

Pero además de este par de puntos de encuentro, no pienso que no existan razones para no procrear. Para mí la experiencia de tener una hija sigue siendo maravillosa y Samanta no parece llevarlo mal xD Acúsenme de optimismo exacerbado, pero desde mi punto de vista la vida sigue siendo un regalo y un milagro termodinámico lo suficientemente maravillosa como para despreciarla, sea la causa que sea.

Laurie: Has estado diciendo que la vida es insignificante, ¿cómo puedes ahora…?

Dr. Manhattan: Cambié de opinión.

Laurie: ¿Por qué?

Dr. Manhattan: Milagros termodinámicos… Son tan raros que parecen imposibles. Como que el oxígeno se convierta espontáneamente en oro. Hace tiempo que quiero ver algo así. En cada apareamiento humano, un millón de espermatozoides luchan por un sólo óvulo. Multiplica esa probabilidad por las infinitas generaciones, contra las posibilidades de que tus ancestros vivieran, se encontraran y engendraran esta hija… Hasta que tu madre ama a un hombre al que tiene toda la razón de odiar, y de esa unión, de los millones de niños que compiten por la fertilización, eres tú, sólo tú, la que emergió. Destilar esa forma tan específica de ese caos de improbabilidad, es como transformar en aire en oro… Una de la mayores improbabilidades. El Milagro Termodinámico.

Laurie: Si mi nacimiento, si eso es un milagro termodinámico… ¡Podrías decir eso de cualquier persona en el mundo!

Dr. Manhattan: Sí. Cualquiera en el mundo… Pero el mundo está tan lleno de personas que lo convierten en rutina que lo olvidamos… Lo olvidé. Miramos continuamente el mundo y eso nubla nuestras percepciones. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, puede aún asombrarnos. Ven… Seca tus ojos, porque eres vida, más rara que un quark e impredecible más allá de los sueños de Heisenberg, la arcilla en que las fuerzas que modelan las cosas dejan sus huellas. Seca tus ojos… y vamos a casa.

– Alan Moore, Watchmen, número 9.

Anarquía (o Amarquía) según Ami

Generalmente cuando se habla de anarquismo hay dos puntos que cuesta dejar claros: la diferencia entre propiedad privada y pertenencia personal y como funcionaría una sociedad sin el uso del dinero. Para mí nunca fueron aspectos confusos gracias al libro Ami, el niño de las estrellas que leí cuando tenía unos diez años. Releyéndolo (creo que lo leo todos los años xD) he rescatado algunas partes en donde se explican esos puntos para compartirlos con ustedes.

Para contextualizar: este libro se trata de un niño, Pedrito, que estando solo en una playa de noche recibe la visita de un “niño” extraterrestre. Este le hace ver que su visita forma parte de un plan de ayuda de planetas “civilizados” a aquellos que aún no lo son. Ami, como Pedro lo nombra, lleva al joven protagonista a conocer planetas que viven bajo la ley universal (el Amor) para que luego el terrícola pueda escribir un libro contando sus aprendizajes.

En el siguiente diálogo cito las principales impresiones de Pedrito frente a que los planetas “civilizados” vivan sin dinero, sin leyes (además de la ya mencionada), sin autoridades y sin castigos ni cárceles, así como las respuestas de Ami.

“— Aquí no existe el dinero.
— ¿Y cómo compran entonces?
— No se compra. Si alguien necesita algo y lo hay, ¿por qué no?
— Un carrito de esos que se ven, ¿también?
— O una nave espacial — Ami hablaba como si lo que me estaba diciendo fuese lo más natural del mundo.
— ¿Todos pueden tener una nave espacial?
— Todos puedes utilizar una nave espacial — precisó Ami.
— ¿Esta nave es tuya?
— Yo la estoy utilizando, tú también.
— Pregunto si es tuya.
— A ver… “Tuya” indica posesión, pertenencia… Ya te dije que todo pertenece a todos, a quien lo necesite y mientras lo ocupe.
— ¿Y cuando ya no lo necesita?
— Entonces ya no lo utiliza más.
— Si, por ejemplo, yo tomo una nave como ésta y la quiero dejar en mi patio cuando no la ocupo… ¿Puedo?
— ¿Por cuánto tiempo no la vas a ocupar?
— Digamos… unos tres días — respondí.
— Entonces es mejor que la dejes en el lugar destinado a estacionar estas naves, el “aeropuerto”, y así le sirve a otra persona mientras tú no la ocupas. Luego, cuando llegas, tomas ésa o la que se encuentre disponible.
— ¿Pero si yo quiero esa?
— ¿Y por qué esa?  Aquí sobran las naves, además, son todas más o menos parecidas.
— Supón que le tengo cariño, como tú a tu “anticuado” televisor”…

[Aquí se refiere a un aparato similar a una tele que Ami construyó cuando era pequeño y anda trayendo consigo porque le tiene cariño, siendo que hay artefactos similares más “modernos”]

“— Este televisor, como tú le llamas, es un pequeño recuerdo, nadie lo necesita, porque es anticuado; cuando ya no quiera conservarlo, lo entregaré para que quienes trabajan en este tipo de instrumentos decidan si lo desarman o lo modifican; también puedo conservarlo toda mi vida, no es algo de utilidad pública. Pero si quieres conservar siempre esa misma nave (capricho extraño, porque tú no la construiste, y además hay de sobra) debes esperar a que llegue, a que esté disponible.
— ¿Pero si yo quiero utilizar esa misma nave, para mí y nadie más?
— ¿Por qué nadie más? — preguntó Ami.
— Supongamos que no me gusta que utilicen mis cosas…
— Pero ¿por qué? Aquí nadie tiene enfermedades contagiosas…
— No sé, pero imagina que me gusta que mis cosas sean mías y de nadie más…
— Eso sería posesividad enfermiza, egoísmo.
— No es egoísmo.
— ¿Qué es entonces?… ¿Generosidad? — Ami reía.
— ¿Así que tengo que compartir mi cepillo de dientes con todo el mundo?
— Extremismo mental otra vez… No tienes que compartir tu cepillo de dientes ni tus objetos personales, aquí los hay por millones, sobran, nadie se esclaviza a ellos… ¡Pero no querer compartir una nave espacial!… Además en el “aeropuerto” es revisada por las máquinas encargadas de hacerlo, es reparada cuando lo necesita, no tienes que hacerlo por tú cuenta.
— Suena bien, pero me imagino que todo es un poco estilo “internado de colegio”, todo obligatorio, vigilado…
— Te equivocas. Aquí las personas gozan de la más amplia y total libertad.
— ¿Y no hay leyes?
— Sí las hay, pero todas basadas en la Ley fundamental del universo [el Amor], en beneficio de las personas […]
— ¿Y si violo alguna ley?
— Sufres.
— ¿Me castigan, me encarcelan?
— No. Aquí no existen el castigo ni las cáceles, pero si cometes alguna falta, sufres; tú mismo te castigas.
— ¿Yo mismo? No entiendo, Ami.
— ¿Le darías una bofetada a tu abuelita?
— ¡No, por supuesto que no!… Qué cosas dices…
— Imagina que le das una bofetada… ¿Qué te pasaría?
— ¡Me dolería mucho, me arrepentiría, sería insoportable!…
— Eso es castigarse uno mismo… No necesitas que te castiguen ni que te encarcelen. Hay cosas que nadie hace, y no porque lo prohíban las leyes. Tú no le harías daño a tu abuelita, no la herirías, no le quitarías sus pequeños objetos personales; al contrario, intentas ayudarla y protegerla.
— Sí, porque la amo.
— Aquí, todos nos amamos, todos somos hermanos”. (80)

“— ¿Por qué no dejan en la Tierra que quien necesite algo lo tome, sin pagar? — preguntó Ami.
— ¿Estás loco? Nadie se tomaría la molestia de trabajar, si no va a ganar nada…
— No tienen amor entonces, sino egoísmo… No pueden dar si no van a recibir algo a cambio. […]

Imaginé que yo era el dueño de una plantación dedicada al cultivo de damascos. Llegaba la gente y tomaba mis frutas sin pagar nada, luego aparecía un “pillo” que se aprovechaba de mí; venía con un camión a llevarse todas mis frutas. Yo intentaba protestar, pero él se alejaba con su vehículo y burlándose me decía:

— ¿Qué no hay amor en ti?… Eres egoísta, ja, ja, ja.
— ¡Puf cuánta desconfianza! — Ami vio toda mi “película” mental y dijo:
— En una sociedad civilizada nadie “se aprovecha” de nadie. ¿Qué va a hacer ese hombre con el camión lleno de frutas?
— Venderlas, claro…
— Nada se vende; no hay dinero…

Aquello me hizo gracia, no había recordado que no existe el dinero en un mundo  civilizado.

— Está bien, pero ¿por qué voy a trabajar por nada?
— Si hay amor en ti, vas a estar dichoso de poder servir a los demás, y así tienes derecho a ser servido, puedes ir donde el vecino y tomar de su siembra lo que necesites; del lechero tomas leche, del panadero pan, y así sucesivamente; y si en lugar de hacerlo todo en forma aislada y desordenada, la sociedad se organiza y se llevan los productos a los centros de distribución, y si en lugar de trabajar tú, lo hacen las máquinas…
— ¡Nadie haría nada!…
— Siempre habría algo que hacer: supervisar las máquinas, crear otras más perfectas, ayudar a quienes nos necesitan, perfeccionar nuestro mundo y a nosotros mismos, y también disfrutar del tiempo libre”. (95)

En la siguiente frase, Pedro le pregunta a Ami si los terrícolas tenemos que ser perfectos para llegar a tener un planeta como el que han visitado. A Ami le causa gracia, pues dice que la perfección es inalcanzable.

“— Es típico de la mitomanía terrestre, del extremismo mental. Se matan sin compasión, torturan, engañan, se esclavizan a lo material […] ¡y exigen perfección!… Bastaría con que bajaran las armas y vivieran en paz, como una familia, sólo eso, para lograrlo no necesitan ser perfectos, sólo deben dejar de ser dañinos. Eso es mucho más fácil que pedir la perfección. Sólo un “clap” de los dedos y el mundo comienza a vivir en paz, pero les parece una locura, una utopía, un imposible; en cambio, LA PERFECCIÓN, eso sí les parece posible… No hacen nada por la humanidad y sólo se dedican a buscar pequeñas faltas ajenas o propias: “cuelan mosquitos y tragan camellos”…”. (97)

 Y mi favorita…

“— No son las personas las malas, sino los viejos sistemas que usan para organizarse. La gente gente ha evolucionado, los sistemas se quedan atrasados. Malos sistemas hacen sufrir a las personas, las van volviendo infelices, y al final las llevan a cometer errores. Pero un buen sistema de organización mundial es capaz de transformar a los malos en buenos”. (40)

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo”

La frase de Mohandas Gandhi que me ha servido de título para esta entrada me ha ayudado a tomar muchas decisiones. Una de ellas -quizás superficial para algunos- ha sido la de comenzar a vestirme como yo deseo y no como pienso que a los demás les agradará más. Mucha gente lo niega, pero lo cierto es que al elegir como vernos (ropa, peinado, maquillaje, actitudes) lo primero que se considera es el resto y no uno. Y bueno, durante doce años fui sometida a una tortura social llamada escuela, en donde existe un juicio constante a tu apariencia, sobre todo si eres mujer. El juicio no es sólo por parte de los hombres, son tus propias “amigas” las que te corrigen constantemente. La cosa es que llega un punto en el que has asumido todas estas costumbres tan bien que ya no recibes críticas, pero tampoco te comportas como tú misma. Es justamente eso lo que quise modificar en mí y me comprometí a lo que ya les comenté: a vestirme como yo quería vestirme.

Me costó mucho, porque uno asume a cada rato que en realidad ese pantalón ajustadísimo en realidad lo quieres usar porque te agrada y no porque te agranda el trasero y eso atrae más a quién te guste. Pero luego de usar pantalones de buzo y comparar la comodidad entre uno y otro se me fue haciendo más fácil comprobar cuales eran las prendas con las que me sentía mejor y las que no. La verdad es que nunca he estado tan metida en el asunto de las apariencias como para usar zapatos de tacón y me cuesta muchísimo entender como hay mujeres que los usan todo el tiempo a costa de numerosos daños que causan. Pero el punto es que de a poquito me he ido liberando de estas trabas que me producía la apariencia y he llegado a salir a comprar en pijamas y pantuflas, cosa que antes no hubiera hecho.

Para radicalizar aún más este “proyecto” personal que inicié con mi embarazo decidí cortarme el pelo con un mohicano. Me rapé casi todo el cabello y me dejé algo de pelo al centro, bastante corto. Mil veces más cómodo, práctico y fresco. Como me comentó una chica genial a la que ahora sigo en su blog, no tener cabello no te hace más o menos mujer, sólo te hace más libre. Y, al fin y al cabo, es eso lo que estoy buscando: libertad. Ese es el cambio que quiero ver en el mundo y no me siento capaz de hablar sobre la libertad si paso horas esclavizada al espejo y si me quejo de que no tengo ropa en mi armario siendo que este está lleno de prendas.

¿Consecuencias sociales de toda esta transformación? Miradas hay varias. Con lo de la vestimenta ya había unas cuantas, pero desde que me rapé han aumentado bastante. En el camping al que fui hace unos días y en donde mi hermana participaba de scout los niños creían que era hombre y las niñas me observaban con admiración. Sobre este último punto es interesante rescatar la perspectiva de género: en otros círculos sociales también fueron más los hombres los que mostraron desagrado y las mujeres se admiración (excepto mi mamá, por supuesto xD). También está la diferencia generacional: los adultos me miran casi como si tuviera tiña, independiente de su género, y los jóvenes me miran, pero menos. Están más habituados a esas apariencias. Lo gracioso es que mucha gente me comentó que mi hija no me iba a reconocer y lo cierto es que Samanta apenas se dio cuenta. Y les hablo de una niña muy perspicaz: si Sam ve un vídeo clip en donde aparece un auto y varias semanas después escucha la canción, dice “auto” en referencia a eso. Pero a pesar de saber lo que es el pelo y de tirar el cabello de su mamá a cada rato, no hizo ninguna mención a mi corte. ¿Será que los niños realmente se fijan en cosas más importantes que eso? Espero que así sea.

Harta de que la vida se considere una pasarela, provoqué un cambio radical en mi misma para protestar en contra de eso. No quiero pasar mi vida eligiendo zapatos, ropa, maquillaje y peinado sólo para agradar a un grupo de desconocidos. Yo soy yo con o sin pelo, con ropa ancha o ajustada y si es así, ¿para qué voy a dedicar a arreglarme si no cambia en nada quién soy por dentro? De a poco voy asumiendo en mi propia vida eso de que lo esencial es invisible a los ojos. Cuesta, pero una vez que se vive bajo esa premisa es genial 🙂

“Como matar al intermediario” y una breve aclaración

En torno a la entrada Mi experiencia con el Software Libre varios comentarios me indicaron que ganar dinero con el software que uno creaba no tenía porqué reprocharse. Y concuerdo. Pero concuerdo sólo dentro de este sistema, porque al fin y al cabo de algo hay que vivir y ¿qué mejor que vivir de un trabajo que te guste y en el que puedas serle fiel a tus principios? Sin embargo, creo que quien promueve la libertad en el software también tiene que promover la libertad en la vida real y para eso es necesario buscar nuevas formas de organizarse en sociedad, porque nuestra cultura ha demostrado tener serias falencias en todo sentido (falencias que me dedico a denunciar en este sitio). En mi opinión, ninguna forma de organización social basada en el dinero funcionará y es por eso que cuando contemplo, analizo o difundo ideas o prácticas para cambiar el “mundo” no tomo en consideración el factor monetario, pues si dicha idea tomara el lucro (entendiéndolo como ganancia de dinero) como eje de su planteamiento, en mi opinión ya no cambiaría nada.

Terminada la aclaración, y relacionado al tema, quiero compartir un vídeo que Víctor Salmerón dejó en los comentarios. Lo resumiría, pero prefiero que lo vean, está genial.

“Hoy estoy seguro que la industria de la cultura somos los lectores y los autores, y nadie más. Y que la otra industria, la que le teme a los cambios, la que intenta hacernos creer que internet es un lastre, la que rasguña y la que daña, se está muriendo. Y la vamos a ver morir.

La cultura tiene que ser libre y tiene que ser gratuita.”

Mi experiencia con el Software Libre

La primera vez que intenté usar GNU/Linux fallé estrepitosamente. Fue por el 2007 y un amigo me convenció de instalar Ubuntu -¿a qué no adivinan cómo?- gracias a los efectos de Compiz. Siempre he sido muy independiente para el tema de la computación porque no me gusta esperar a nadie que pueda ayudarme, quiero hacerlo todo de inmediato, así que me largué a instalar Ubuntu sin saber casi nada del tema y más encima en un momento en que usar esta distro no era precisamente sencillo. La cosa es que dejé la embarrada en el computador, no pude hacer funcionar el internet ni mucho menos la tarjeta gráfica y, por ende, los efectos. Ahora entiendo el porqué, pero en ese momento me horroricé y me devolví lo más rápido que pude a Window$ XP.

Durante mucho tiempo estuve diciendo que usar GNU/Linux era demasiado difícil para mí, hasta que apareció JP Neira convenciendo a mi novio de que dejáramos el imperialismo de Micro$oft y él cedió. Nos comprometimos a cambiarnos juntos para ir aprendiendo de a dos. Por suerte esta vez conté con la asistencia de Juan Pablo en todo sentido, pues el cambio no fue sólo por un tema de atractivo visual o gratuidad, sino por razones ideológicas que antes no conocía. Usar Software Libre para mí representó desligarme de un Imperio computacional que comete una serie de “infracciones” a la libertad del usuario como: 1) Prohibirte usar el SO en varios computadores a la vez 2) Cobrarte, no por obtener el disco, sino por la licencia del programa y sistema operativo que deseas 3) Acumular información de cómo usas el SO sin autorización previa 4) Entregar esa información a otras organizaciones 5) Realizar cambios en tu sistema sin previo aviso 6) Crear programas no-compatibles con versiones añejas de Window$ que finalmente te fuerzan a actualizarte y mucho más. Es cierto que se puede ocupar una copia pirata de Window$, pero ¿de qué sirve tener instalado un sistema de una compañía que hace todo para ganar dinero y nada para facilitarte las cosas? ¿No es mejor apoyar proyectos libres, que buscan lo mejor para la comunidad y no para los bolsillos individuales?

Hace un año que uso sólo GNU/Linux en mis computadores y puedo decir que he aprendido muchísimo. He pasado por varias distros: Trisquel, Ubuntu, Kubuntu, Xubuntu, Linux Mint, Debian, Fedora (en estas dos sólo dure unos 10 minutos xD), entre otras que no recuerdo. Mi favorita siempre ha sido Trisquel, tanto por su facilidad de uso, como por el hecho de ser 100% Software Libre. Sólo la dejé de usar en mi netbook Acer Apire One D260 porque tenía una tarjeta Wifi privativa, así que terminé vendiendolo y comprando un notebook compatible.

Pero no quiero meterme en cosas técnicas. Sobre eso hay mucho escrito y la importancia que le doy al Software Libre -y que quiero compartir con ustedes- va mucho más allá de eso. Una de las cosas que más me ha sorprendido es la tremenda comunidad que hay en torno a este tipo de software. Una comunidad servicial, siempre dispuesta a ayudar. Cuando tienes problemas con alguna distro, puedes encontrar muchísimas posibles soluciones facilitadas por usuarios como tú, que tienen un poco más de experticia o experiencia en el área. Porque claro, como señala Stallman, el Software Libre conlleva algo de cooperación y compañerismo porque el código de los programas y su creación deja de ser un conocimiento secreto de unos cuantos para ser algo que cualquiera con algo de voluntad y tiempo pueda aprender.

¿Inconvenientes? La mayoría han sido técnicos, como la incompatibilidad del hardware (provocada no por GNU/Linux, sino por los drivers de algunas empresas que siguen siendo de código cerrado y/o privativo), pero durante un tiempo igual me afectó la falta de costumbre y la ausencia de juegos conocidos (no la ausencia de juegos, porque GNU/Linux cuenta con una amplia gama de ellos). Nada insuperable, nada que no valiera la pena por una buena causa. Bueno, por una causa y por la otra serie de factores que podrán encontrar en cualquier lado: seguridad, estabilidad, gratuidad, velocidad y, lo más importante, libertad (de usar, compartir, indagar, aprender).

Este 24 de enero se vota en USA una ley que nos afectara a todos: Stop Online Piracy Action (SOPA). Si bien cuenta con muchos opositores, es posible que se lleve a cabo igual. ¿Qué hacer ante esto? Mi respuesta sería volcarnos hacía la comunidad libre. Escuchar y descargar música sin derechos de autor, usar Software Libre, descargar libros de autores que suben sus publicaciones de manera gratuita a la red, etcétera. Porque por más que SOPA se detenga ahora, los poderosos van a seguir lloriqueando para controlar el internet. Fomentar la comunidad libre los deja desarmados. Nos jodemos a sus grandes compañías a través del boicot, de paso no hacemos un sacrificio tan grande porque tenemos alternativas y fomentamos la libertad y la cooperación al menos de manera virtual (la idea sería llevar esto a cabo también en vivo).

Algunas citas de Richard Stallman, fundador del Movimiento por el Software Libre y programador:

 – “Poner patentes a licencias sobre el software es como poner patentes sobre las recetas culinarias. Nadie podría comer a menos que pagara por la licencia de la receta“
– “Beethoven era un buen compositor porque utilizaba ideas nuevas en combinación con ideas antiguas. Nadie, ni siquiera Beethoven podría inventar la música desde cero. Es igual con la informática“
– “A Microsoft no le gusta que escapemos a su poder“

La Tregua

Autor: Mario Benedetti
Año de publicación: 1960
Género: Novela, Cotidiano
Editorial: Planeta
Edición: 2006

Martín Santomé, viudo desde hace poco más de 20 años, se prepara para su jubilación. Comienza a escribir un diario haciendo en parte planes o cavilaciones para su futuro ocio y en parte un recuento de su vida hasta el momento. Su vida rutinaria es interrumpida por un inesperado romance y de a poco se van disipando algunos temores sobre el futuro, regresa parte de su pasión por vivir y todo comienza a parecer mejor. Sin embargo, un inesperado suceso hace de ese momento de felicidad una tregua del tedio y de la oscuridad en la que volverá a sumergirse Santomé.

En adelante, es posible que te encuentres con spoilers. Si no has leído la novela y no deseas leer adelantos de la trama, no sigas leyendo.

Leí este libro por insistencia de mi hermana, quién me lo recomienda desde hace casi un año, y por la casualidad que lo puso en mi camino. La curiosidad me hizo tomarlo y comenzar a leerlo y luego simplemente no pude parar. Por alguna extraña razón no sospechaba que Benedetti escribiera tan bien ni mucho menos que pudiera hacer de la cotidianidad algo tan interesante y digno de leer. La verdad es que no era muy afín a la literatura latinoamericana, hasta que entre el año pasado y este año he descubierto a una infinidad de autores interesantísimos. Lo que pasa es que en ocasiones creo que los autores latinos escriben sobre un mundo que no es el mío ni el de mi generación: me siento más identificada con el miedo futurista de la ciencia ficción que con el realismo mágico de García Márquez, por ejemplo. Pero la identificación con autores latinoamericanos más viejos suele ir por otro lado, por un lado más introspectivo. Quizás el mundo en que vivió María Luisa Bombal ya no sea el mío, pero sus dudas, temores y pasiones sí que lo son.

Perdón por el desliz. Regresando a La Tregua, he quedado maravillada por la maestría del autor, pero indignada por el entorno en que nos ha tocado vivir. ¿Es eso la vida? ¿Trabajar, trabajar, para luego sentarnos a descansar, cuando nuestro cuerpo ya no nos acompaña y mucho menos las ganas? Para mí el libro fue justamente un llamado a no caer en ese ciclo rutinario, a tener la voluntad de decir “¡Basta!”. Basta a la rutina, basta a las excusas, basta al conformismo, basta a la mediocridad y, sobre todo, basta a la mesura, que muchas veces controla impulsos que deberían ser expuestos en el mismo instante en que se sienten.

Creo que en muchos momentos sentí ganas de sacudir a Santomé y de gritarle que dejara de aplazar todo. Y en parte es un grito para mí misma. ¿Quién no ha caído en eso? Es como la historia de un pescador que aparece en una de las ediciones de Cuentos con alma. Planificamos como hacer de nuestra vida algo mejor, pero al final terminamos descuidando lo que ya tenemos. Y sí, es un tremendo cliché, pero ¿alguien hace caso? Es tan poca la gente que entiende el mensaje que no queda más que repetirlo.

La verdad es que no es mucho más lo que tengo que decir de este libro. Los personajes están descritos de manera preciosa, uno siente que es capaz de visualizarlos y hasta comprenderlos. Y así también las emociones del protagonista. El romance entre Santomé y Avellaneda me emocionó, pero como ya mencioné siento que el eje central del libro fue esa “crítica” al modus operandi de nuestra sociedad. Hace un tiempo salió en las noticias que en Alemania querían prohibir los besos en el trabajo y al leer este libro evoqué eso: en lugar de opacar las relaciones humanas, ¿no se deberían enfatizar? En lugar de promover salas cuna, ¿no se deberían disminuir las jornadas laborales para que la familia pueda estar más tiempo junta? Salomé lo expresó muy bien, cuando dijo que en su trabajo no se daba un ambiente propicio para relacionarse con la gente. Lo peor es que trabajos como los de él ahora son mucho más abundantes y al final parece que todo el mundo va a terminar encerrado en cubículos, contando los días para su jubilación o para un superficial acenso.

Para finalizar quería dejarles una cita que amé y que justamente se dio en un 17 de agosto (el día de mi cumpleaños :P):

“Para un futbolista, el máximo significa llegar un día a integrar el combinado nacional; para un místico, comunicarse alguna vez con su Dios; para un sentimental, hallar en alguna ocasión en otro ser el verdadero eco de sus sentimientos. Para esta pobre gente, en cambio, el máximo es llegar a sentarse en los butacones directoriales, experimentar la sensación (que para otros sería tan incómoda) de que algunos destinos están en sus manos, hacerse la ilusión de que resuelven, de que disponen, de que son alguien. Hoy, sin embargo, cuando yo los miraba, no podía hallarles en la cara de Alguien sino de Algo. Me parecen Cosas, no Personas. Pero ¿qué les pareceré yo? Un imbécil, un incapaz, o una piltrafa que se atrevió a rechazar una oferta del Olimpo. Una vez, hace muchos años, le oí decir al más viejo de ellos: “El gran error de algunos hombres de comercio es tratar a sus empleados como si fueran seres humanos.” Nunca me olvidé ni me olvidaré de esa frasecita, sencillamente porque no la puedo perdonar. No sólo en mi nombre, sino en nombre de todo el género humano. Ahora siento la fuerte tentación de dar vuelta la frase y pensar: “El gran error de algunos empleados es tratar a sus patrones como si fueran personas.” Pero me resisto a esa tentación. Son personas. No lo parecen, pero son. Y personas dignas de una odiosa piedad, de las más infamante de las piedades, porque la verdad es que se forman una cáscara de orgullo, un repugnante empaque, una sólida hipocresía, pero en el fondo son huecos. Asquerosos y huecos. Y padecen la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo” (177).

Desafío Lector 2012

Completé un 30% del Desafío 2011: 50 Libros. Es decir, leí 15 libros xD Pensé que podría completar los 50, pero la verdad es que no había pensado en que el tipo de libros que leía antes (cuando efectivamente leía 50 o más libros al año) es bastante diferente del que leo ahora. Así que he decidido copiarle a Andrea Pretch su desafío familiar, en donde cada uno tenía que elegir 12 libros para leer durante el año (más algunos extra, en caso de ser necesario). La gracia no es leer sólo 12 libros random, sino elegir esos 12 libros que realmente queremos leer… y hacerlo. Al igual que el año pasado los invito a sumarse a este desafío y agregaré un código y una imagen que pueden copiar para pegarlo en sus blogs, Tumblrs o redes sociales que prefieran.

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<p style="text-align: center;"><a href="http://cronicasovinas.wordpress.com/2012/01/06/desafio-lector-2012/"><img class="aligncenter" title="Desafío Lector: 2012" src="http://i43.tinypic.com/xf71ox.jpg" alt="" width="200" height="150" /></a>

<a href="http://www.languageisavirus.com/nanowrimo/word-meter.html" target="_blank" title="NaNoWriMo writing toys games &amp; gadgets"><div style="width:200px;height:15px;background:#FFFFFF;border:1px solid #000000;"><div style="width:0%;height:15px;background:#CC0000;font-size:8px;line-height:8px;"><br></div></div></a>0 / 12 books. 0% done!</p></p>
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* Para saber cómo funciona la barra de progreso, lean esta entrada del blog En Libro Abierto.


ovejitadescarriada

Esta es la lista de libros imprescindibles que pretendo leer este año. Algunos los comencé, pero no los seguí leyendo más que nada por desidia, así que espero que este compromiso me ayude a terminarlos.

1. Libertad y creatividad en la educación de Carl Rogers
2. Cineclub de David Gilmour
3. Nacidos para comprar de Juliet B. Schor
4. El cuaderno de Maya de Isabel Allende
5. La sociedad desescolarizada de Ivan Illich
6. Contra la civilización de John Zerzan
7. Escritores de la libertad de Erin Gruwell
8. Los anormales de Michel Foucault
9. Todos los animales somos hermanos de Jorge Riechmann
10. La torre oscura I: La hierba del diablo de Stephen King
11. Nuestra señora de París de Víctor Hugo
12. Filosofías ecofeministas de Karen J. Warren

Hijo del Golpe y mi hermana también se han sumado al desafío. Aquí van sus listas:

Valkennor

1. El nuevo Summerhill de A. S Neill (compilado de Albert Lamb)
2. La casa de los espíritus de Isabel Allende
3. Padres respetuosos, hijos responsables de Barbara Coloroso
4. El club de la pelea de Chuck Palahniuk
5. Entrevista con el vampiro de Anne Rice
6. Libertad y creatividad en la educación de Carl Rogers
7. Historia de la acumulación capitalista en Chile de Gabriel Salazar
8. La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson
9. Cuatro buenas razones para eliminar la televisión de Jerry Mander
10. Contra la civilización de John Zerzan
11. El ideario anarquista de varios autores
12. Filosofías ecofeministas de Karen J. Warren

Leticia Patas Cortas

1. Fantasmas de Chuck Palahniuk
2.  Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX compilación de Orson Scott Card
3. La conquista del pan de Piotr Kropotkin
4.  Todos los animales somos hermanos de Jorge Riechmann
5.  Continuará… 😛