Sociedad adultocéntrica

Desde que nació Samanta el hecho de que vivimos en un mundo “adultocéntrico” se ha hecho cada vez más visible para mí. Caminar por la calle con un bebé que quiere mamar te hace notar que en realidad no existen muchos lugares para detenerse a hacerlo y si te sientas en el pórtico de alguna tienda no falta quién te mire mal por obstaculizar la vista de la vitrina o algo así. Ahora entiendo a los pobres padres cuyos bebés lloran en lugares cerrados. Se siente una tremenda frustración, porque no sabes como calmar a tu bebé, pero tampoco quieres que el resto te mire con cara de “asesinaré a tu hijo si no lo callas de inmediato”. Y la guinda de la torta, es ver como las opciones de lugares a dónde ir se reducen a unos cuántos parques y, por suerte para los capitalinos, a la Biblioteca de Santiago (también se puede ir a un mall, pero entre quedarme en la casa e ir a un mall…).

Hace un tiempo comenzó a aparecer la tendencia free child que, contrario a lo que hubiera deseado A.S Neill, no se trata de niños libres sino de servicios libres de niños. Hoteles, restaurantes, aviones, entre otros, en donde no se permite el ingreso de niños menores de cierta edad. Si bien la tendencia me parece aberrante, creo que es sólo la manifestación clara y honesta de lo que realmente siente la mayor parte de la gente hacía los niños: que son un estorbo. Por algo toda la sociedad está estructurada de una manera en donde los niños no tienen cabida. Al menos no solos. No es posible dejar a un niño sin restricciones en una tienda, ni en la calle, ni en un restaurant y los padres sabemos no sólo lo difícil que es “controlar” a un niño en esos lugares, sino lo mucho que aprenderían si no tuviéramos que hacerlo por los riesgos que eso conlleva.

¿Que los niños son el futuro? Sí, muchos lo dicen. Pero en ese cliché la palabra clave es “futuro” porque demuestra su verdadero interés, que no son los niños. Lo que realmente interesa es el niño en potencia, lo que el niño puede llegar a hacer por ellos, por el futuro, por el mundo, pero no le dan importancia al niño en sí mismo. No les interesa castigar, reprimir o sermonear a un niño con tal de que en algún momento cambie su manera de ser y se convierta en lo que desean que sea. No importa si un niño es feliz destrozando juguetes, porque lo que realmente importa no es la felicidad del niño sino las expectativas en torno a él.

¿Han notado que nadie promueve darle el asiento a los niños en el transporte público? ¿O que le pedimos favores a los niños constantemente, creyendo que están menos cansados que nosotros o que lo que están haciendo es menos importante? ¿Han notado que cada vez son menos las madres que amamantan porque ven primero su comodidad y no la del niño? ¿O que el primer reparo en cuanto a criar niños libres es la molestia que vamos a sentir a causa de ese tipo de crianza? ¿Han notado que muchas parejas homosexuales no tienen reparo en contratar un vientre de alquiler, sin pensar en el dolor que puede sentir una criatura al ser separada de su madre? Todo esto es síntoma de una sociedad adultocéntrica, en donde los niños aún no tienen cabida. ¡Si ni siquiera nuestros hogares son aptos para niños! No sirve de nada establecer mil políticas en torno a la familia si como sociedad no comenzamos a cambiar esa actitud frente a los menores de edad. No sirve de nada ser anarquista si vamos a querer conducir las vidas de nuestros hijos. No sirve de nada ser anti especista si vamos a discriminar a otros seres humanos por su edad.

Lo único terrible (y al mismo tiempo, una de las tantas cosas maravillosas) de haber tenido a Samanta es que ahora me doy cuenta que yo también estuve participando durante muchos años en ese “juego”. Que, emulando a mi madre, le grité a mis hermanas y las hice callar. Que critiqué a niños por llorar en el supermercado o por no quedarse quietos en una sala de clases y me quejaba si un bebé lloraba en una micro. Y, en cierta forma, entiendo a la gente y por lo mismo aquí no quiero hacer una condena sino un llamado de atención. Quiero que abramos un poco las mentes y nos demos cuenta de que, si quisiéramos, podríamos crear una sociedad en donde los niños sí tengan cabida. Que podemos convivir con ellos sin necesidad de caer en el juego de poder y que hay tanto, ¡tanto!, que aprender de ellos que el cambio es realmente necesario. Si vamos a decir que los niños son el futuro, al menos tengamos el reparo de otorgarles un buen presente.

“Nada, nada me agrada más
que ver a los niños jugando, descubriendo
sus instintos tersos y sus músculos flexibles, con esas risas
impredecibles como las rutas del viento. Ellos sí que saben
actuar como dioses, engendrar especies y mundos, dialogar
con los animales a empujones y balbuceos, venerar
los espíritus del barro y de las aguas. No acostumbro
pedirles nada a mis criaturas, pero hoy día les suplico
una sola cosa: dejen en paz a mis niños, no me los envejezcan
antes de tiempo, no enturbien sus inteligencias. Yo, el Señor, se lo pido
humildemente, por favor […]

No entristezcan, no corrompan, no levanten
sus manos contra mis niños. Déjenlos en paz, permítannos
a ellos y a Mí ser divinos: bañarnos en las fuentes de las plazas,
mearnos en el parqué y los pantalones,
llorar y matarnos de risa en sus iglesias y barbas:
así, malmirados pero felices, estamos bien. Ustedes tienen razón, después de todo:
ustedes son los grandes, los maduros, pero olvidan
que lo único que le falta al fruto maduro es podrirse.”

Marcelo Fuentes.

Homeschooling en Chile

Es difícil saber cuándo me acerqué al tema de la educación en casa. Creo que fue gracias al libro La pasión de aprender de Robert L. Fried, aunque su eje central son las formas de hacer escuela alternativas (Montessori o Reggio Emilia, por ejemplo). Sin embargo, acercándome a esas pedagogías me enteré de la educación en casa y de su implementación en Chile. El tema llamó mi atención porque viví en carne propia cómo el sistema educacional hegemónico aniquila la pasión por el aprendizaje de muchos niños. Soy una de esas personas que se sintió infeliz yendo al colegio: tenía muchas pasiones a las que no pude dedicarles tiempo y la obligación de estudiar otras tantas que nunca me han sido de utilidad. Resultó interesante conocer una manera diferente de hacer las cosas, pues me crié con la idea de que ir a la escuela era casi tan necesario como alimentarse.

En Chile, el homeschooling no es algo tan habitual como en otros países, pero sí está teniendo buena acogida. Ya son muchas las familias que han sacado a sus hijos del colegio (varios blogs, entrevistas, reportajes, entre otros dan cuenta de ello) y otras personas, que aún no son padres, se plantean la posibilidad. Cabe preguntarse, ¿por qué hay personas que no quieren enviar a sus hijos al colegio como el resto? ¿Cuáles son los beneficios de la educación en casa por sobre los beneficios que otorga el sistema educacional chileno? Si bien cada familia tiene su forma de educar en casa y sus motivos para hacerlo, trataré de presentar los principales ejes de este tema.

Advierto de inmediato que no soy ninguna experta (aunque habría que preguntarse desde cuando la experticia es garante de algo…). La mayor parte de mis conocimientos sobre homeschooling se basan en la teoría y en experiencias ajenas. Por lo mismo, cualquier corrección es bienvenida y también las discusiones que puedan surgir sobre el tema. También debo aclarar que esta entrada no busca ser un ataque hacía nadie: si hay personas que les gusta el colegio o sienten que ha sido eficiente en su caso, ¡me alegro por ellos! Sólo hago un llamado a abrir sus mentes a otras posibilidades: no todos somos iguales ni reaccionamos de la misma forma a ciertos estímulos.

I. ¿Qué ventajas tiene el homeschooling?

Atención individualizada: Esto es sumamente importante, pese a que no se le dé mayor importancia en el sistema educacional. Cada persona aprende a su manera, por lo que en la escuela no se puede enseñar de una forma que sea apta para todos, provocando que muchos chicos queden rezagados. Por ejemplo, existen estudiantes que aprenden más a través de lo sensorial (el tacto, el movimiento, las emociones) que mediante la lectura de un texto o la audición de una clase. Son chicos que necesitan moverse y tocar para aprender, por lo que la habitual sala de clases con el profesor al frente y los alumnos en sus respectivos puestos no suple sus necesidades. Lo peor de todo es que el sistema achaca a esos niños la culpa por su fracaso [1]. Al educar en casa esas necesidades podrían ser satisfechas.

Cada familia puede organizarse como mejor le convenga: Al educar en casa el horario es más flexible y adaptable a las necesidades familiares. La mayoría de las familias homeschoolers también tienen horarios (guiados, sobre todo, por los trabajos paternos), pero estos permiten que los chicos puedan optar por pasar el día en la biblioteca, asistir a talleres que se dan en horario “escolar”, pasar más tiempo con sus padres al no tener tareas obligatorias, etc.

Preparación para la vida “real”: El principal argumento de quienes se oponen a este tipo de educación es que los padres estarán encerrando a los hijos en una burbuja. Sin embargo, es más certero plantear el colegio como tal: los niños deben convivir con otros de su misma edad, en un salón con determinada cantidad de estudiantes y en donde generalmente conviven con personas de cierta clase social. Los niños casi no pueden tomar decisiones por su cuenta, pues todo lo que deben aprender, hacer y elegir es dictado por otros. En la vida, debemos tomar decisiones, convivir con personas de otras clases sociales, religiones, etnias, etc. En la “realidad”, debemos elegir qué aprender, dónde, cuando y cómo. Lo cierto es que el sistema actual no prepara ni para la vida y, en ocasiones, ni siquiera para la universidad ni el mundo laboral [2]. Mucho menos para resolver los conflictos sociales y globales que enfrentamos, como bien ha planteado Alvin Toffler [3].

Promueve (o al menos no suele coartar) la creatividad: La escuela, en general, mata la creatividad innata. En palabras de Ken Robinson: “los niños son creativos y no les importa equivocarse, se atreven hasta con lo desconocido y luego siguen a otra cosa. Pero el sistema educativo les mata la creatividad, porque no admite el error. Todo el sistema escolar está basado en la prohibición y la corrección del error. A los niños los educamos de cintura para arriba, y SÓLO UN LADO DEL CEREBRO. Nuestra tarea es educar a la totalidad de su ser” [4].

Los niños pueden aprender lo que les interesa y sea de utilidad: El curriculum escolar está lleno de materias que tal vez nunca servirán (no señalo cuáles, pues esto depende de cada uno) y deja otras tantas de lado. Se imponen una serie de asignaturas obligatorias, en la mayoría de los casos sin presentar motivos de porqué se ha elegido estudiar X en lugar de Y. 

Y lo más importante: Los niños aprenden para ser felices y satisfacer sus necesidades, no para cumplir expectativas ajenas.

II. ¿Por qué no se opta simplemente por un colegio Montessori, Waldorf, Regio Emilia, etc?

Una de las principales razones por las que mucha gente no opta por colegios con estas pedagogías es por el precio. El Colegio Huelquen de Lo Barnechea, por ejemplo, cobra $350.000 de matrícula y $244.000 la mensualidad para la enseñanza básica y media (más una cuota de incorporación de UF 70,00) [5]. El Colegio Rayen Mahuida de Colina cobra una cuota de incorporación, siendo la más alta la de UF 60 para preescolar (este mes eso correspondería a $1.314.960) y la más baja, la de UF 20 para 3º y 4º medio ($438.320). Además, cobra una mensualidad de más de $180.000 [6]. El colegio Epullay cobra desde $168.000 mensuales, más una matrícula de UF 6,5  (equivalentes a $142.454) [7]. El colegio Giordano Bruno cobra una matrícula desde $160.000, una mensualidad desde $206.500, una cuota de materiales desde $97.000 y $2.400 de almuerzo [8]. Podría seguir, pero creo que el punto ya se entendió. Aún si el precio fuera alcanzable, estos colegios caen justamente en “encerrar” a los chicos en una burbuja. Porque, seamos sinceros, una familia de clase baja no podría pagar aranceles tan altos. Otra razón por la que no se suele optar por este tipo de colegios es que gran parte de ellos no cumple a cabalidad con las pedagogías que enseña: para entrar en ellos, por ejemplo, mucho de ellos piden exámenes de admisión. Al igual que la escuela hegemónica, dividen el conocimiento en asignaturas y horarios, tienen evaluaciones…

III. Socialización

La pregunta que viene a la mente de muchas personas es ¿cómo estos niños socializan? Pese a que el homeschooling significa literalmente “educación en el hogar”, no quiere decir que los chicos pasen encerrados. La socialización puede lograrse mediante la convivencia con otros niños en lugares públicos (bibliotecas, parques, museos, cines teatros, etc), mediante talleres (scout, natación, orquesta, etc) y/o simplemente saliendo a la calle.

IV. ¿Cuánto cuesta educar en casa?

Depende de cada familia. La mayoría utiliza un computador (o más) con conexión a internet, pero habiendo una biblioteca pública cerca de la casa esto no es indispensable. Se puede gastar también en los materiales que habitualmente se compran para el colegio: cuadernos, lápices, libros, cartulinas, etc. Algunos también contratan profesores particulares, aunque leyendo blogs de homeschoolers en Chile he notado que son pocos los que hacen esto.  Con respecto a los talleres y actividades, estos se pueden encontrar gratis o a precios bajos. Aunque claro, este tema también depende de la situación familiar: si antes pagaban un colegio particular o subvencionado, financiar talleres tal vez no sea un gasto excesivo, pero sí en el caso de quienes estaban acostumbrados a la gratuidad del colegio público. De todas formas es necesario destacar que los talleres no son una necesidad: no hay que atiborrar al chico con actividades sólo porque no va al colegio.

V. Talleres y actividades gratuitas en Santiago:

  • Balmaceda Joven: Talleres gratuitos en diversas áreas. La mayoría se desarrolla dos veces por semana con duración de una a dos horas [9]. Por cierto, tienen sedes en otras ciudades.
  • Biblioteca de Santiago: En la cartelera de actividades se pueden encontrar varios de los talleres impartidos, entre los que se encuentran de Karate, una Escuela de Cuentacuentos, Capoeira, Danza Folclórica, Filosofía, etc [10].
  • Talleres comunales: Se dan en varias comunas de Santiago y si bien algunos cobran, el precio es mínimo.

Sólo tengo información sobre Santiago porque es la ciudad en dónde vivo. Si alguien quiere aportar datos sobre su ciudad, puede hacerlo a mi correo o en los comentarios de esta entrada y yo los publico por este medio.

VI. ¿Todos los padres pueden educar en casa?

Pueden hacerlo muchos más de lo que la gente cree, pero no todos. Sé que hay muchos que tienen problemas económicos y ahí la cosa se complicaría. Pero, en algunos casos, hay que saber establecer prioridades: ¿necesitas Tv cable? ¿necesitas comprar ropa en grandes tiendas? ¿es necesario comprar bebidas gaseosas todos los días? ¿no sería mejor comprar en ferias libres en lugar de comprar en el supermercado?

En caso de que se puedan recortar gastos, uno de los padres podría optar por un trabajo part-time o simplemente por quedarse en casa. También existe la posibilidad de trabajar de manera independiente e incluso, para quiénes puedan hacerlo, está la opción de contratar a alguien que cuide al o los niños o buscar a alguien de la familia. En Concepción se dio algo aún más interesante: un grupo de padres se organizó para educar, por turnos, a sus hijos fuera de la escuela [11]. Todos eran trabajadores.

Con respecto a los conocimientos, en general no es necesario ser pedagogo para enseñar. Basta con tener paciencia, informarse harto sobre enseñanza y aprendizaje y estar dispuestos a investigar par a par con los niños, no ponerse a entregar conocimientos como dueño de la verdad (para eso los dejamos en el colegio, ¿no?).

VII. ¿Es legal en Chile?

Si bien la legislación chilena obliga a los padres a educar a sus hijos hasta cuarto medio (Ley 19.876) en un sistema formal, el artículo 10º de la Constitución también le da a los padres el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos.

Pero para certificar sus estudios, los niños deben rendir exámenes libres del nivel y curso que un estudiante o su apoderado dice poseer, procedimiento regulado en el decreto exento Nº 2272/07, el cual permite rendir exámenes del curso que solicite, acreditando con las certificaciones correspondientes, el último año cursado. Para la rendición de estos exámenes los interesados deben completar una solicitud en el Departamento Provincial de Educación correspondiente a la comuna de residencia, que les indicará un establecimiento reconocido por el Estado, quien tomará dichos exámenes. De aprobarlos se les entregará la certificación correspondiente.En el Ministerio de Educación declinaron opinar sobre este tipo de enseñanza. “Dado que el ministerio no cuenta con información sistematizada sobre este método educacional no sería apropiado emitir una opinión en este sentido”, señalaron.

(Extraído de La Nación)

Corrección: en el extracto del diario La Nación se señala que es el artículo 10º el que le da el derecho a los padres sobre la educación de sus hijos, pero en realidad es el artículo 19º, numerando 10º.

VIII. Enlaces útiles

  • Epysteme: “La Asociación Epysteme está formada por un grupo de profesionales, padres y madres, expertos en homeschooling (educación en casa), que dan apoyo y solución a aquellas personas que por diversos motivos, independientemente de la edad que tengan, necesitan obtener certificaciones académicas de forma distinta a la escolarización presencial”. Es caro para los chilenos, así que le recomiendo la inscripción sólo a aquellos que realmente puedan gastar en esto. Sin embargo, la página también es útil por sus artículos.
  • La opción de educar en casa: “Soy Madalen Goiria y en este blog ofrezco información relevante sobre el homeschool desde el 16 de abril de 2007. Se agradecen tanto las críticas como los comentarios”. Este blog ofrece excelente información sobre el homeschooling.
  • Yo aprendo: “Yo Aprendo es un plan de estudios diseñado para ayudar a los estudiantes a mejorar su rendimiento académico. El plan de estudios incluye la instrucción, ejercicios prácticos y evaluaciones, así como audio / video tutoriales y enlaces a actividades interactivas para que el aprendizaje motivador y atractivo”. La inscripción a este plan de estudios sólo cuesta $20.000 anuales, por lo que me parece muy recomendable para todos los bolsillos.
  •  Homeschool Chile: Esta página es para todos los interesados en la educación en casa. Se comparten opiniones, enlaces, vídeos, experiencias y más. Sólo se puede acceder a ella vía inscripción y luego de que se autorice el ingreso. Hay que pagar $1.000 al año.
  • Colegio personalizado Homeschool: Esta página contiene cursos desde la básica hasta la media y apoyo psicopedagógico. No sé que más contiene ni si cobran, porque aún no les envío un correo.
  • Educando en la casa: Andrea Precht es una profesora que decidió sacar a sus hijos del colegio el año 2009 y este es su blog. Les dejo el link con acceso directo a las preguntas frecuentes.
  • Laura Mascaró: Sitio personal de una abogada, escritora y madre homeschooler española.

IX. Libros recomendados:

  • El nuevo Summerhill e Hijos en Libertad de A.S Neill: En realidad, son muchos los libros de Neill(fundador de la escuela libre inglesa Summerhill) que sirven para quién desee educar en casa, pero elijo estos dos porque el primero fue escrito en una etapa bien avanzada de la vida del autor (lo que implica una mirada amplia de lo que fue su proyecto educativo) y el segundo porque se refiere más a la familia que a la escuela.Recomendar a este autor parte de una postura personal: a mucha gente puede que le desagrade, ya que la libertad (ojo: no libertinaje) que propone Neill es más de la que muchos padres estarían de acuerdo con otorgar. Pero bueno, pueden leerlos sin necesidad de seguir todas sus ideas y conservar lo que les parezca aceptable: sólo me gustaría decirles que traten de acercarse a estos libros con mente abierta.
  • Bajo presión de Carl Honoré: En este libro Honoré recopila muchísima información sobre los daños que puede provocar el estrés al que son sometidos los jóvenes, ya sea por el sistema escolar o por familias que ambicionan demasiado. Sólo menciona una vez la educación en casa, pero creo que en parte se debe a que los países que él estudió sí cuentan con escuelas alternativas accesibles.
  • Cartas a quién pretende enseñar de Paulo Freire: Como en todos sus libros, en este Freire hace un llamado a reflexionar sobre la enseñanza y la necesidad de que los niños tengan educadores respetuosos, que busquen el diálogo con sus estudiantes y no la mera entrega de contenidos.
“Educando en casa no hay un timbre que marque el ritmo de estudio. Uno no tiene por qué dejar una actividad con la que está disfrutando, en la que está concentrado, sólo porque se haya terminado la hora dedicada a esa materia. De hecho, ni siquiera hay materias en el sentido de asignaturas escolares. ¡EL MUNDO NO ESTÁ DIVIDIDO EN ASIGNATURAS!”
-Laura Mascaró.

Indignada

El sitio web Yo debo busca reunir las deudas de la mayor cantidad de estudiantes posible. La idea de la página es personificar la deuda: “demostrar que no somos una masa sin rostro” y, al mismo tiempo, llevar la cuenta de la deuda en general. Haciendo cálculos descubrí que, sin considerar un posible posgrado, mi deuda será de unos $10.392.628. Esto sólo contempla el arancel de referencia, pues el resto ya lo estoy pagando y sin contar las matrículas de cada año, las fotocopias, el transporte, la alimentación y un largo etcétera.

¿Cómo me siento con respecto a esto? Aterrada. Indignada. Enfurecida. Aterrada, porque me da miedo pensar en tener que pagar esa cifra y que eso ni siquiera me asegure un posible empleo. Indignada y enfurecida por varias razones. En primer lugar, me enfurece tener que sacarme la mierda estudiando y tener que pagar por ello. Casi como si el estudio no representara un trabajo. Claro, la excusa es que después con un título a cuestas ganarás mucho más dinero. ¿Esto es cierto? No, en Chile puedes tener un título y aún así terminar en un trabajo con un sueldo mísero o, peor aún, cesante. Tener título, especialmente sólo una licenciatura (como será mi caso y el de otros miles de estudiantes) no te garantiza empleo. En la Sexta Encuesta Nacional de la Juventud queda más que claro: un 56,7% de los jóvenes encuestados no trabaja en lo que estudió [1]. Este fenómeno ya tiene nombre: cesantía ilustrada.

En segundo lugar, me indigna que el gobierno y las distintas empresas (universidades, pero ya son prácticamente lo mismo) nos vendan el cuento de que estamos pagando por un bien para nosotros. ¿Acaso nuestros títulos no son, en gran parte, para servir a otros? ¿Para servir al país? ¿Acaso no están señalando constantemente que el país necesita profesionales para esto y lo otro? [2] [3] Siento que es un descaro que nos necesiten y más encima nos hagan pagar por aprender a hacer lo que la sociedad necesita.

En tercer lugar, me enfurece el círculo vicioso en torno a este sistema. Como bien señaló una amiga: “para viajar necesitas dinero, para tener dinero necesitas trabajar, para trabajar necesitas terminar la universidad, para terminar la universidad necesitas dinero, para conseguir dinero necesitas trabajar…”. Claro, para estudiar sin dinero puedes encalillarte en un crédito, pero eso implicará estar pagando durante varios años más, haciendo que terminemos por olvidar planes y sueños, como viajes, casa propia o tener una familia. El mismo factor de estar trabajando para poder pagar la deuda de una carrera en lugar de estar aprovechando ese dinero puede dejar a muchas personas descontentas; así es como la gente deja de lado la vocación.

Y, en cuarto lugar, me enerva saber que esto sólo le pasa a la gente con menos dinero. Por más que digan que existen posibilidades para los pobres, ¡vamos!. Las cifras señalan claramente que los mejores puntajes PSU son de los colegios emblemáticos, subvencionados o privados [4], con poquísimas excepciones. Esto quiere decir que la gente que puede pagar un buen colegio tiene mejores probabilidades de obtener becas universitarias y por lo tanto no quedar endeudado. En cambio, quienes no tiene dinero para pagar un buen colegio o, en su defecto un preuniversitario, joden. Y eso sin considerar el hecho de que el sistema escolar está hecho contemplando sólo uno o dos tipos de aprendizaje, dejando fuera a montones de personas que simplemente aprenden de otra forma.

¿Qué hacer ante esto? No sé, la verdad. Mis conocimientos de economía son básicos (por no decir nulos) y francamente no sabría decir si el gobierno puede o no cumplir con las demandas estudiantiles (según este artículo, sí). Lo que sí puedo afirmar es que si en Chile no se efectúa una reforma educacional heavy (perdonen la informalidad, pero así surgió la frase en mi mente xD), ese gran desarrollo económico del que nuestros gobernantes se sienten tan orgullosos decaerá. El cobre no estará siempre, ¿y después qué? La mayor parte de los países sin muchos recursos naturales han invertido en educación y es así como se mantienen. Chile tiene el potencial para entrar en esa esfera, pero los gobiernos (no sólo este, la Concertación tuvo 20 años para actuar y sólo perpetuaron los cambios hechos en dictadura) no han querido hacer nada.

Claro, mientras los gobernantes no actúan y los dirigentes estudiantiles se conforman con migajas, los pobres hueones que tienen que pagar una millonada seguimos frustrados, jodidos, apaleados por un sistema que nos pide velar por él, pero que al mismo tiempo nos abandona a nuestra suerte. ¿Y sigue habiendo gente que no entiende porque algunos rompen tiendas y tiran piedras? Pues piensen de nuevo, porque bajo tanta presión no logro comprender como sigo cómodamente sentada en la cama escribiendo esto, en lugar de estar destrozando bancos con “los violentistas”.

Señores, señoras y quien llegue a leer esto: frustración no es que la ropa se manche luego de lavarla. Frustración es saber que tienes potencial y capacidad para hacer cientos cosas y no poder sólo porque careces de medios económicos para lograrlo. Bienvenidos a la realidad de un estudiante pobre (y que se rehusó a sacrificar su vida en pos del estudio incesante) en Chile.

Sobre el “jardín del terror” y el maltrato infantil

Este 14 de abril Meganoticias presentó un reportaje sobre el maltrato a menores en un jardín infantil de Quilicura. En las grabaciones hechas por los periodistas se puede constatar cómo las “tías” golpean, zamarrean, gritan e ignoran a los niños que deberían estar cuidando.

Yo me enteré de la noticia por Twitter, cuando alguien difundió el reportaje. Mi primera reacción fue de repudio hacía esas mujeres. Casi todos los comentarios al respecto en las redes sociales eran mensajes de odio y deseos de venganza y castigo: “que se pudran en la cárcel esas perras”, “sáquenles la chucha” e incluso hubo acoso cibernético a sus cuentas de Facebook,  a la de sus parejas y más de una publicación con las direcciones de las susodichas.

Les seré honesta: en un principio también tuve ganas de participar en todo ese revuelo. Y es que ver cómo golpean a unos niños, especialmente si eres padre, te revuelve el estómago. Por suerte mi novio, mucho más cuerdo que yo (en ocasiones xD), enfrió un poco mis pasiones y me hizo pensar en el asunto de manera más analítica.

Para empezar, creo que en nuestro país existe una contradicción latente entre la existencia del maltrato infantil y lo que dicen las leyes sobre el mismo. La ley contempla penas de multas, trabajo comunitario o cárcel para quienes provoquen daño físico o psicológico a menores, así como también orientación familiar para los casos más leves [1]. Sin embargo, socialmente el maltrato infantil sigue existiendo: un estudio de la Unicef realizado en el 2006 en algunas regiones de Chile (incluyendo la Metropolitana) determinó que 75,3% de 1525 niños recibía algún tipo de maltrato (psicológico, físico leve o grave) [2]. Y no sólo esto, sino que el maltrato infantil es aceptado por parte de muchas personas, llegando incluso a afirmar que a causa de las prohibiciones de golpear a los niños los jóvenes “no distinguen entre el bien y el mal” [3] o que el castigo físico es necesario porque llega un punto en el que “los jóvenes no entienden con palabras” y que “hay chicos que merecen un tirón de pelo o una palmada en el trasero” [4]. Además, se reacciona con violencia frente a los niños o adolescentes que osan defender sus derechos [5].

¿Nos seguimos extrañando que estas “tías” hayan recurrido a la violencia cuando los chicos no obedecían? Claro, se puede decir que ellas no son las madres, por lo que los golpes no corresponden, pero sería una excusa barata: el efecto de la violencia en los niños tiene igual o mayor impacto viniendo de los padres [6] [7]. Me parece que estas mujeres sólo fueron el chivo expiatorio de una sociedad que quiere sentirse mejor con respecto a su propio actuar.

Si de verdad se busca un cambio, hay que partir por casa. Exigir cárcel o golpear a estas mujeres no va a servir para evitar que más niños sean maltratados: este no es ni el primer caso ni será el último de maltrato en jardines y salas cuna. Las únicas formas de evitar que eso suceda es rechazando totalmente cualquier tipo de maltrato, físico o psicológico (¡de parte de cualquier persona y hacía cualquiera!) y ser más responsables con respecto a donde dejamos a nuestros hijos (varios padres señalaron que habían notado comportamientos extraños en sus hijos, pero seguían enviándolos a la institución). Seguir pidiendo cárcel y justicia no eliminará ni el sufrimiento de los niños ni de otros que probablemente estén pasando por lo mismo, incluso en sus propios hogares.

El periodismo ataca de nuevo

El diario chileno Las Últimas Noticias no se caracteriza precisamente por su prolijidad a la hora de investigar. Es más, LUN suele ser un periódico más de farándula que de cualquier otra temática más relevante y por lo mismo, a veces resulta ilógico dedicar tiempo y esfuerzos a rebatir sus artículos. Sin embargo, también hay que considerar que es uno de los diarios más vendidos del país y que la población suele tomar la perspectiva periodística como si de expertos se tratara. Por esto último, quisiera dedicar una entrada a rebatir el artículo “Veganos: no comen nada que tenga ojos“, escrito por Máximo Peralta.

Máximo Peralta comienza su artículo con el pie izquierdo afirmando que los veganos no consumen ciertos tipos de levaduras. Probablemente su comentario se deba a que la levadura está hecha de hongos, que son seres vivos. Sin embargo, los hongos se asemejan más a las plantas que a los animales, pues son seres vivos no sintientes. Un poco de investigación en las principales páginas sobre el tema hubiera dado al autor una idea mucho más clara de que puede o no consumir un vegano (en Conciencia Animal, Euroveg y Vegetarianismo.net el consumo de levaduras está recomendado en una dieta vegana).

Luego, Peralta menciona el caso de la familia vegana Le Moaligou. Esta familia francesa ha sido muy mencionada los últimos días debido a que su hija de 11 meses murió de desnutrición. Gran parte de la prensa mundial, LUN incluido, han achacado esa muerte al veganismo, sin considerar los principales factores que causaron la muerte de Louise:

– La familia Le Moaligou no sólo era vegana, sino también naturista. No creían en la medicina occidental, por lo que no llevaban a su hija al control pediátrico correspondiente. Esto se pone peor cuando se informa que Louise tenía una bronquitis crónica no tratada. Como ideología, el veganismo no se opone a la medicina. 

– Louise era alimentada exclusivamente con leche materna. Esto no sería un problema de no ser que la lactancia exclusiva sólo es recomendada hasta los 6 meses: luego se deben incluir otros alimentos que la beba de 11 meses no consumía.

– Los medios también han señalado que la leche de Sergine, la madre, no tenía los nutrientes necesarios debido a su veganismo, sin considerar que estudios hechos en países africanos han demostrado que la leche materna es nutritiva incluso si la madre sufre de desnutrición. Por supuesto, lo óptimo es que la madre esté bien nutrida, pero si esto no sucede sigue siendo poco probable que un bebé muera de desnutrición siendo amamantado.

En el fondo, el artículo de Peralta termina mezclando un montón de cosas para dar la impresión de que el veganismo es una dieta poco saludable. Crea fantasmas donde no los hay y propicia que los padres que optan por alimentar a sus hijos bajo tal régimen sean mal vistos y criticados. Imagino que también es un artículo que puede crear conflictos en los hogares donde los jóvenes siguen tal dieta. Pero claro, no importa crear conflictos y escribir un artículo mediocre y desinformado con tal de cumplir con la pega.