El mundo de los bebés

El mundo de los bebés es un documental hecho para dilucidar qué métodos son más efectivos para criar a un bebé durante sus primeros meses de vida. Tal promesa, como suele suceder con este tipo de documentales, no se cumple y el programa termina con una frase muy habitual cuando se trata de m(p)aternidad: “todos los métodos sirven, dependiendo de la familia”. Una frase cliché que se aplica en algunos puntos, pero no en todos, pues hay cosas que sí son mejores que otras independiente de la familia o la cultura en la que se este inmerso.

Si bien leí Tu hijo del doctor Spock y El Concepto del Continuum de Jean Liedloff, no estuve familiarizada con Truby King hasta después de ver El mundo de los bebés, pero sí leí Duérmete, niño de Eduard Estivill, que vendría a ser el análogo de King. He leído sobre cada una de estas perspectivas desde que quedé embarazada. Mucha gente me ha hecho comentarios referente a eso. Me preguntan si acaso creo necesario leer libros para criar a mi hija. Y lo cierto es que sí, los necesito. No para tener un manual de instrucciones, sino para obtener otros puntos de vista. Como bien señalan muchos padres, vivimos en una época de incertidumbre y recibimos montones de información. Conocer los distintos puntos de vista nos ayuda a elegir un camino que, de preferencia, no esté marcado por exigencias externas, sino por lo que esperamos al formar una familia (con veracidad sobre los resultados, por supuesto. Como podrán comprobar más adelante, muchos de estos métodos se escudan bajo mentiras para venderse).

Con respecto al documental, trataré de examinar los principales puntos de las teorías de cada autor para que puedan comprobar lo irresponsables y adultocéntricos que han sido los productores de El mundo de los bebés al sugerir que todos los métodos sirven.

ADVERTENCIA: Aunque parezca obvio decirlo, sugiero que para efectos de una óptima lectura vean el documental completo antes de leer mis comentarios y observaciones.

LACTANCIA MATERNA: Es curioso que en el documental sólo Claire Scott (la “mentora” que se basa Jean Liedloff) promueva la lactancia materna. Curioso, pues se supone que el concepto del documental es seguir los tres “manuales” elegidos y todos los autores recomiendan la lactancia materna.Como señalé antes, existen puntos que no dependen de la familia o la cultura y este es uno de ellos. Los beneficios de la lactancia materna tanto para la madre como para el bebé están ampliamente documentados [1] [2] [3] [4] [5] y las tribus indígenas comprendían dichos beneficios sin necesidad de hacer estudios sobre el tema. Por supuesto, no se trata de imponer, pero creo que es necesario que las madres conozcan todos esos beneficios al momento de elegir que alimentación van a otorgar a sus hijos. Si estos beneficios no se conocen, se suele caer en el error de creer que es lo mismo alimentar a un bebé con leche de vaca, leche maternizada o leche materna.

Si bien todos los autores recomiendan la lactancia materna, sólo Truby King establece horarios, lo cual no está recomendado en la actualidad, pues es mejor tanto para el bebé como tribuspara una adecuada producción de leche que el lactante mame a demanda [6] [7].

DORMIR: En este punto podemos encontrar más desacuerdos. Para Liedloff lo más apropiado es que los bebés duerman con sus madres hasta que ambos quieran. De esta forma se continúa la lactancia materna a demanda durante la noche, la madre duerme mejor pues no debe levantarse a cada momento y el bebé duerme más tranquilo al estar en contacto con su progenitora. Para respaldar esta tesis la antropóloga argumenta que los bebés, por cuestiones evolutivas, necesitan dormir acompañados. De preferencia por sus madres. Para Spock, el bebé debía dormir en la habitación de sus padres los primeros tres meses y luego se lo debía cambiar de habitación y dejarlo llorar hasta que se resignara y aprendiera a dormir solo, pues según el doctor un bebé a esa edad sólo llora de rabia por no poder estar con sus padres (N/A: ¿y eso es menos importante?). Para Truby King, un bebé debía dormir solo en su habitación desde que nacía y los padres debían dejarlo llorar. Sus principales argumentos están enfocados en la creencia de que los bebés son seres manipuladores y que por ello los padres no debemos ceder a sus demandas, si no a la inversa.

Nuevamente, una de las mentoras no cumplió con lo que se señalaba en su manual. Es cierto que una de las premisas de Spock era que la madre sabía más de lo que creía, pero aún así él establece muchísimas reglas que Trina Hamilton pasa por alto. La permisividad que se le achaca a Spock surge más bien de la comparación porque claro, si lo ponemos al lado de alguien como Truby King, Spock es sumamente permisivo.

En cuanto al colecho se dice mucho. Lo cierto es que en pediatría no existen estudios concluyentes. La UNICEF recomienda el colecho para mantener la lactancia materna y sólo advierte los posibles peligros de la cama, que pueden ser prevenidos [8]. Otros estudios señalan que el colecho es una mala práctica porque no consideraría las reales necesidades del niño [9], sin embargo me parece necesario recalcar la contradicción que supone que esas necesidades reales sean las que plantee el pediatra y no las que exprese el niño (ya sea a través de su llanto o con palabras en edades posteriores).

Uno de los principales motivos que se usan para desaconsejar el colecho es que los hijos se “mal acostumbran” y que luego es imposible sacarlos de la cama y/o enseñarles correctos “hábitos del sueño”. Lo cierto es que los estudios con respecto a esto último demuestran que el colecho permite que los niños duerman bien, no existen riesgos de que luego no quieran salir de la habitación de sus padres (como suele preguntar Carlos Gonzalez: ¿alguien conoce a un niño de 15 años que duerma con sus padres?) y sólo es necesario tomar las medidas necesarias para que la cama no sea peligrosa para el bebé [10] [11]. Es más, algunos estudios incluso plantean que el colecho fomenta la lactancia materna y ayuda al bebé a dormir mejor [12].

¿Qué método resulta mejor? Mientras no se deje llorar a los niños solos en su habitación (a continuación me enfocaré en el tema del llanto), se los mantenga en su cuarto los seis primeros meses (para evitar el riesgo de muerte súbita) y se los respete, cualquier forma de dormir es buena para el niño.

LLANTO: Con respecto al llanto, Spock consideraba que después de los tres meses el bebé sólo llora para manipular, por lo que si sus necesidades básicas están cubiertas hay que dejarlo solo. Truby King también pensaba así, pero lo extendía desde el nacimiento del bebé. En oposición a ambos, Liedloff plantea que el llanto siempre es una forma de comunicar algo, por lo que los padres deben prestarle atención e intentar calmarlo.La mayoría de los estudios hechos sobre el llanto de los bebés (los estudios de verdad, no los de Estivill en donde se cita a sí mismo o cita a discípulos que lo citan a él) confirman que dejar llorar solo a un bebé le puede causar daños ya sea en su infancia o más adelante. La mayoría de los “expertos” que sugieren dejar a los bebés llorar o las familias que siguen estos modelos aseguran que estos dejan de llorar. Eso sucede porque el bebé adquiere algo que han llamado como “indefensión aprendida”: como el bebé sabe que no puede contar con quiénes lo rodea, deja de llorar [13]. No es que los bebés “aprendan” que deben dormirse solos, sino que se resignan a que nadie los ayudará.

Aún considerando lo anterior, es debido mencionar que el llanto no es totalmente negativo. Este tiene funciones terapéuticas, por lo que no hay que sentir tanta presión cuando el bebé llora, sólo hay que intentar calmarlo y si no funciona, hacerle compañía para no aumentar su angustia [14] [15].

CARICIAS Y ATENCIÓN: Tanto Spock como Liedloff concordaban en que el cariño era fundamental para el bienestar del bebé y de la madre y en que no existe un parámetro de cuánto cariño o atención debe recibir el lactante. Por el contrario, Truby King planteaba que era necesario dejar a los bebés solos la mayor parte del tiempo y disminuir las caricias lo máximo posible para criar niños menos individualistas. En el documental podemos ver como Claire Varity sólo permite que la madre sostenga a su hijo por diez minutos y que al darle mamadera tiene que mantener al bebé lo más distanciado posible de sí misma.

Actualmente los estudios apoyan las tesis de Spock y de Liedloff. Las caricias producen endorfinas (inhibidoras de las fibras nerviosas que transmiten el dolor y analgésica. Produce sensación de bienestar) y disminuye el cortisol (hormona que se produce en respuesta al estrés y que segregada a largo plazo puede causar diversos daños [16]).

OPINIÓN PERSONAL SOBRE LAS MENTORAS Y LOS MÉTODOS UTILIZADOS: Una de las mayores impresiones que me lleve al escuchar a Claire Varity, mentora del método Truby King, es su forma de ver a los hijos como “enemigos” a los que hay que doblegar. Además, está hablando todo el tiempo sobre como los padres deben “recuperar la normalidad”. Entonces, ¿para qué tienen hijos? ¿Cuál sería el sentido de tener hijos si no se cambia, si no se cree en la sabiduría que ese cambio nos puede aportar? Digo, si alguien quiere dedicarse a dar fiestas, pasarlo bien y dormir en paz, lo último que debe hacer es tener hijos. Es notable la pregunta de Trina Hamilton: “Si vas a apartar a tus hijos la mitad del día, ¿para qué los tienes?”.

Creo que los hijos vienen a cambiarlo todo y es justamente la gracia de tenerlos. Nuestros esquemas se rompen y somos capaces de aprender cosas nuevas. Es cierto que no hay que dejar todo de lado al tener hijos y que estos también también tienen que adaptarse a uno. Pero eso debe ser de manera gradual, con algunos sacrificios y también aprendiendo a hacer las cosas de formas diferente.Cuando nos vamos a vivir con una pareja o incluso con un grupo de amigos tenemos que comenzar a cambiar parte de nuestro estilo de vida. Pues con los bebés pasa lo mismo. Negarse al cambio es negar uno de los principales factores que nos permite sobrevivir.

A Claire Scott, mentora del método de Jean Liedloff, también le encuentro sus contra. Si bien concuerdo con casi todo lo que dice, no me gusta su forma de argumentarlo, siempre recurriendo a la falacia ad antiquitatem, ya que “siempre se ha hecho así” es un argumento fácilmente refutable (¡Ojo! Liedloff no argumenta de la misma forma). Es más, si apelamos a lo “natural”, pues el cambio está dentro de nuestra naturaleza y podemos buscar formas de hacer las cosas de manera diferente sin que ello sea perjudicial.Concuerdo con ella en respetar los ritmos del bebé, pero pienso que esos ritmos pueden ser respetados en una cuna y en un coche, no sólo en un porta-bebés y durmiendo al lado de sus padres.

Trina Hamilton, por su parte, no sigue los planteamientos de Spock. No es la gran crítica, pero sí es debido señalarlo, ya que la premisa del documental indica que estas mentoras seguirán los libros al pie de la letra. Con respecto a sus métodos, Hamilton señala que si uno no quiere darle pecho al bebé no tiene que sentirse culpable, pero me parece algo negligente no informarle a esas madres que la mejor opción es la lecha materna, tanto por un tema nutricional como afectivo. No es obligarles, por supuesto, pero sí mostrarles cómo son las cosas. Al menos en el tema de la lactancia materna sí existen hechos demostrables que respalden sus beneficios y que una “experta” los pase por alto no me parece bueno. Sí me gustó eso de “deja las cosas que no son importantes y recarga tus pilas” y también lo de aceptar toda la ayuda posible.

SOBRE EL DOCUMENTAL: Como ya señalé varias veces, una de las fallas del documental es que las mentoras no siguen las lecturas al pie de la letra. Sin embargo, una crítica mucho más importante es que los métodos utilizados sólo estudian los primeros tres meses de vida. Las secuelas de la primera infancia pueden verse sólo años después, por lo que no se puede concluir que un método es buen enfocándose en tres meses de vida. Sólo Claire Scott demostró con hechos que los niños criados bajo el concepto del continuum obtienen bienestar e independencia, cosas que ella prometió.

También es importante destacar que en el documental no señalan qué métodos están pensados en el bienestar de los padres (en su época, King y Spock hicieron sus planteamientos pensando en el bienestar de los bebés, pero hoy sólo se siguen implementando pensando en la comodidad de los adultos) y cuáles en el bienestar de los bebés.

No se le pueden pedir peras al olmo. Los documentales de esta índole nunca profundizan y ciertamente son sesgados y responden más a intereses comerciales que a verdaderas intenciones de informarnos (se destaca, por ejemplo, el caso de la lactancia materna. Evidentemente existen intereses tras la forma en que el tema fue abordado, y posiblemente tengan que ver con asuntos de orden económico, como venta de mamaderas, leches maternizadas y otros).

Ocultándose bajo la democrática imagen del “directorio pluralista”, despliegan su mejor arma: poner en un mismo nivel enfoques y teorías que por su mera coexistencia son supuestamente igual de válidas. Con la ilusión de control de nuestras propias decisiones que este relativismo transmite, convierten al espectador en controlado; entendiendo el control que ellos ejercen sobre los contenidos también a los receptores de los mismos.

Síndrome de fin de semestre

A estas alturas del año es tragicómico detenerse un rato y observar a la gente que circula por la universidad. Rostros que alguna vez fueron alegres y relajados, ahora están tensos, ojerosos, pálidos y serios. La mayoría avanza con un vaso de café en la mano y con una mirada distraída. Cuando algunos se detienen a tratar con otros, sus conversaciones son quejas, preguntas sobre los trabajos y, este año, pedidos de información sobre el paro y la recalendarización de cada curso. No es para menos estar estresado: por un lado, se amontonan todas las pruebas y trabajos en un mismo período de tiempo. Por otro, los exámenes se aproximan y muchos se juegan un alto porcentaje de la nota en estos.

Y esta pomposa introducción es sólo para señalar lo obvio: padezco de síndrome de fin de semestre. Estoy agotada, he pasado algunas noches sin dormir, me estreso de sólo pensar en lo que tengo que hacer y muero de ganas por leer algo que yo QUIERA leer, de hacer algo que me divierta o que me motive. Sí, así de mañosa soy. Tengo a Jerry Mander esperándome sobre el velador. Su libro “Cuatro buenas razones para eliminar la televisión” me pide a gritos que lo lea y yo debo ignorar sus súplicas para responder la prueba de América Colonial. Mi hija me llama desde el living mientras juega con la abuela y yo debo hacerla esperar para seguir leyendo para Geografía.

Sí, ya estarán hartos de mis quejas. A veces siento que sólo escribo para quejarme. Pero ¡joder! es el espacio que tengo para desahogarme, así que me quejo nomás xD

Recuerdo que estando en la media siempre repetía que no echaría de menos el colegio (detestaba ir a la escuela). Ahora debo tragarme mis palabras, pues lo extraño. Echo de menos tener buenas notas sin esforzarme (no buenas, pero suficientes xD), tener tiempo para leer, escribir, tontear, jugar… ¡Extraño mi tiempo de ociooooooooooooooo! ¿Serán todos los próximos años así? ¿No volverán nunca los días relajados y aburridos, en donde era tal el grado de ocio que disfrutaba limpiando la casa? Cuando tienes que quedarte escribiendo un trabajo por noche es inevitable preguntarse dónde rayos quedaron esos días.

Y sí, estoy perdiendo el tiempo aquí cuando debiera estar escribiendo otra prueba. Pero, ¿saben qué? Me conformo con terminarla rápido e irme a descansar de una vez por todas. No soy más ni menos inteligente por una calificación. Mi vida es más importante.

Sí, estoy mintiendo. Las calificaciones me siguen importando. Pero no miento al decir que no miden mi inteligencia. Es un avance.

¿O no?

Sí, estoy divagando xD Sólo un último comentario: en medio de tanta crítica al sistema educacional chileno, sería bueno hacer una reflexión sobre el estrés al que nos vemos sometidos en la búsqueda de buenas calificaciones. Porque todo este estrés al final sólo se debe a esos numeritos. Sería mucho más productivo aprender sin toda esa presión, pero ya escribiré sobre esto con más profundidad.

A seguir con mi prueba, ctm T___T

Vuestra humilde servidora al finalizar un ensayo o prueba.

Indignada

El sitio web Yo debo busca reunir las deudas de la mayor cantidad de estudiantes posible. La idea de la página es personificar la deuda: “demostrar que no somos una masa sin rostro” y, al mismo tiempo, llevar la cuenta de la deuda en general. Haciendo cálculos descubrí que, sin considerar un posible posgrado, mi deuda será de unos $10.392.628. Esto sólo contempla el arancel de referencia, pues el resto ya lo estoy pagando y sin contar las matrículas de cada año, las fotocopias, el transporte, la alimentación y un largo etcétera.

¿Cómo me siento con respecto a esto? Aterrada. Indignada. Enfurecida. Aterrada, porque me da miedo pensar en tener que pagar esa cifra y que eso ni siquiera me asegure un posible empleo. Indignada y enfurecida por varias razones. En primer lugar, me enfurece tener que sacarme la mierda estudiando y tener que pagar por ello. Casi como si el estudio no representara un trabajo. Claro, la excusa es que después con un título a cuestas ganarás mucho más dinero. ¿Esto es cierto? No, en Chile puedes tener un título y aún así terminar en un trabajo con un sueldo mísero o, peor aún, cesante. Tener título, especialmente sólo una licenciatura (como será mi caso y el de otros miles de estudiantes) no te garantiza empleo. En la Sexta Encuesta Nacional de la Juventud queda más que claro: un 56,7% de los jóvenes encuestados no trabaja en lo que estudió [1]. Este fenómeno ya tiene nombre: cesantía ilustrada.

En segundo lugar, me indigna que el gobierno y las distintas empresas (universidades, pero ya son prácticamente lo mismo) nos vendan el cuento de que estamos pagando por un bien para nosotros. ¿Acaso nuestros títulos no son, en gran parte, para servir a otros? ¿Para servir al país? ¿Acaso no están señalando constantemente que el país necesita profesionales para esto y lo otro? [2] [3] Siento que es un descaro que nos necesiten y más encima nos hagan pagar por aprender a hacer lo que la sociedad necesita.

En tercer lugar, me enfurece el círculo vicioso en torno a este sistema. Como bien señaló una amiga: “para viajar necesitas dinero, para tener dinero necesitas trabajar, para trabajar necesitas terminar la universidad, para terminar la universidad necesitas dinero, para conseguir dinero necesitas trabajar…”. Claro, para estudiar sin dinero puedes encalillarte en un crédito, pero eso implicará estar pagando durante varios años más, haciendo que terminemos por olvidar planes y sueños, como viajes, casa propia o tener una familia. El mismo factor de estar trabajando para poder pagar la deuda de una carrera en lugar de estar aprovechando ese dinero puede dejar a muchas personas descontentas; así es como la gente deja de lado la vocación.

Y, en cuarto lugar, me enerva saber que esto sólo le pasa a la gente con menos dinero. Por más que digan que existen posibilidades para los pobres, ¡vamos!. Las cifras señalan claramente que los mejores puntajes PSU son de los colegios emblemáticos, subvencionados o privados [4], con poquísimas excepciones. Esto quiere decir que la gente que puede pagar un buen colegio tiene mejores probabilidades de obtener becas universitarias y por lo tanto no quedar endeudado. En cambio, quienes no tiene dinero para pagar un buen colegio o, en su defecto un preuniversitario, joden. Y eso sin considerar el hecho de que el sistema escolar está hecho contemplando sólo uno o dos tipos de aprendizaje, dejando fuera a montones de personas que simplemente aprenden de otra forma.

¿Qué hacer ante esto? No sé, la verdad. Mis conocimientos de economía son básicos (por no decir nulos) y francamente no sabría decir si el gobierno puede o no cumplir con las demandas estudiantiles (según este artículo, sí). Lo que sí puedo afirmar es que si en Chile no se efectúa una reforma educacional heavy (perdonen la informalidad, pero así surgió la frase en mi mente xD), ese gran desarrollo económico del que nuestros gobernantes se sienten tan orgullosos decaerá. El cobre no estará siempre, ¿y después qué? La mayor parte de los países sin muchos recursos naturales han invertido en educación y es así como se mantienen. Chile tiene el potencial para entrar en esa esfera, pero los gobiernos (no sólo este, la Concertación tuvo 20 años para actuar y sólo perpetuaron los cambios hechos en dictadura) no han querido hacer nada.

Claro, mientras los gobernantes no actúan y los dirigentes estudiantiles se conforman con migajas, los pobres hueones que tienen que pagar una millonada seguimos frustrados, jodidos, apaleados por un sistema que nos pide velar por él, pero que al mismo tiempo nos abandona a nuestra suerte. ¿Y sigue habiendo gente que no entiende porque algunos rompen tiendas y tiran piedras? Pues piensen de nuevo, porque bajo tanta presión no logro comprender como sigo cómodamente sentada en la cama escribiendo esto, en lugar de estar destrozando bancos con “los violentistas”.

Señores, señoras y quien llegue a leer esto: frustración no es que la ropa se manche luego de lavarla. Frustración es saber que tienes potencial y capacidad para hacer cientos cosas y no poder sólo porque careces de medios económicos para lograrlo. Bienvenidos a la realidad de un estudiante pobre (y que se rehusó a sacrificar su vida en pos del estudio incesante) en Chile.