My Little Pony FiM: Ideal para lxs niñxs

Desde hace poco más de dos años el “inicio” de mi Facebook aparecía plagado de imágenes y referencias a My Little Pony. Como yo vivo bajo una roca, sólo me enteré de la causa de este furor hace un par de meses atrás gracias a esta retrospectiva. Nunca fui muy fanática de los ponies y siempre me ha costado entender porqué son tan populares entre las niñas, pero CR hablaba con tanta pasión de la serie que me fue imposible no darle una oportunidad. Me alegro de haberlo hecho, pues My Little Pony: Friendship is Magic se ha convertido en uno de mis dibujos animados favoritos y también en uno de los preferidos de mi hija Samanta.

Con un título tan cursi es difícil pensar en que la serie tenga un desarrollo relativamente inteligente, ¿cierto? Pero las apariencias engañan. Pese a su aspecto y cursileria, MLP:FiM tiene un contenido que no sólo es apto para personas de todas las edades sino que también me atrevo a declararla una de las mejores series que podemos mostrarle a nuestros hijos por las siguientes razones:

i) Diversos modelos a seguir: Mientras otras series de moda entre niñas pequeñas, como Strawberry Shortcake o Monster High, se ajustan a típicos roles asociados a la mujer, MLP:FiM rompe esquemas y nos presenta una tremenda diversidad de personajes femeninos. Nuestra protagonista podría parecer la típica nerd, pero a diferencia de Ginger (As told by Ginger), Phoebe (Hey Arnold!) o Ghoulia Yelps (Monster High) que desean, ante todo, ser aceptadas, a Twilight Sparkle no le interesa socializar ni hacer amigos. Su único interés son sus estudios, al menos hasta que es enviada a Ponyville. Por fin el interés por los libros y la lectura no es mostrado como un escape para personas tímidas sino una elección libre de alguien que realmente está interesado en el tema.

La serie hace lo posible por romper estereotipos. Rarity, por ejemplo, es la típica chica elegante, interesada en la moda, la costura y las joyas. Por ello todas sus amigas creen que al ser secuestrada será la típica damisela en peligro (A Dog and Pony Show). Sin embargo, ella demuestra ser perfectamente capaz de resolver el conflicto por su cuenta, haciendo uso de las mismas características que a veces la hacen parecer más débil.

Rainbow Dash, Applejack y Scootaloo son las ponies con características menos “femeninas” acorde al estandar popular. Rainbow adora la velocidad y su sueño es volar con los Wonderbolts, los mejores voladores de toda Equestria. Además es una chica ruda, valiente y, porqué no decirlo, un tanto violenta. Applejack es casi la antítesis de Rarity; le molesta la elegancia, no le desagrada ensuciarse y su mayor pasión es cultivar manzanas en la granja de su familia. Además es una excelente atleta, una buena arreadora y, contrario a lo que uno pudiera esperar, también es catalogada como “una de las mejores pasteleras de todas”. Scootaloo, personaje secundario, es una pequeña pegaso admiradora de Rainbow. También ama la velocidad e intenta ser lo más ruda posible para llegar a ser como su heroína.

ii) Desescolarización: Si bien en el universo de MLP sí existe una escuela a la que asisten las ponies más pequeñas, toda la serie se centra en lo que aprenden Twilight y sus amigas en la vida diaria. Nuestra protagonista es enviada a vivir en Ponyville porque la Princesa Celestia, su tutora, quiere que haga amigos, reconociendo así el valor que tiene la interacción social en el aprendizaje. Incluso las ponies que sí van a la escuela (Scootaloo, Sweetie Bell y Applebloom) aprenden más fuera de esta. Hasta ahora (final de la 3ª temporada) la serie no ha mostrado ni un sólo capítulo en donde la lección aprendida tenga relación con la importancia de la escuela.

Todos los aprendizajes de Twilight (y, desde la segunda temporada, los de sus amigas) son enviados a modo de carta a la Princesa Celestia, quién actúa como un receptor pasivo de estos. Ella interfiere sólo si las cosas se ponen graves. Esta actitud me suena mucho a como las familias unschoolers actúan frente a los aprendizajes de sus hijos.

iii) Moral espontánea: Una tendencia habitual en las series infantiles es abordar el aspecto moral de la manera más burda y obvia posible. La cosa suele funcionar más o menos así: un adulto o personaje responsable advierte a los niños que no deben hacer algo, pero estos lo hacen igual, con lo que terminan descubriendo que la persona tenía razón y debieron haberle hecho caso desde un principio. Como en MLP los padres no se mencionan o apenas aparecen los personajes tienen un campo de acción más amplio y se permiten cometer errores sin que nadie les diga que lo son. Pueden descubrirlo por su cuenta, haciendo que dicho aprendizaje sea realmente comprendido tanto por ellas como por la audiencia. Aún cuando cada episodio finaliza con una narración de lo aprendido, no se siente forzado ni se siente como si los creadores de la serie tomaran a los niños por estúpidos.

iv) Respeto por los animales: Tal vez esta sea una de las pocas series en las que no se va a ver ni un solo producto cárnico. Quizás para familias no-veg[etari]anas no parezca importante, pero si crían a un niño bajo los principios del respeto por los otros animales entenderán lo complicado que es tener que explicarle porqué su personaje favorito se está comiendo un pavo. Es agradable poder disfrutar de una serie con la tranquilidad de que todos los personajes son vegetarianos, pero sin que esto resulte un eje de la serie. Cuando se pone énfasis en personajes vegetarianos, como con Sam (Danny Phantom) o Sharon (Braceface), sólo se logra presentar un quiebre con los otros personajes. Esto no siempre es negativo, pero cuando estamos intentando hacer de esto un principio familiar la idea es que no sea visto como algo extraño.

v) El romance no lo es todo: Desde Disney hasta Nickelodeon, las historias infantiles suelen estar rodeadas de amor romántico. De hecho, es el eje principal de muchas historias. Aunque a veces resulta divertido, como el amor que Helga siente por Arnold (Hey Arnold!) o permite abordar temas interesantes, como el amor más allá de las apariencias físicas en La Bella y la Bestia, lo cierto es que se ha abordado el tema hasta el cansancio. A menos que una película o serie infantil decida abordar el amor entre personas del mismo sexo, no necesitamos más historias que aborden el romance. El equipo creativo de MLP parece estar consciente de ello y ninguna de nuestras protagonistas está enamorada. Curiosamente el único personaje protagónico enamorado es el masculino, Spike, un dragón que tiene por objeto amoroso a Rarity.

En el último tiempo he leído muchas quejas en blogs de maternidad sobre la hipersexualización de las niñas en los medios y la ausencia de dibujos animados o series apropiadas para ellos. Y tienen razón: desde hace muchos años los roles femeninos infantiles han estado sumamente limitados al igual que las historias desarrolladas con ellos. Algunos personajes novedosos han visto la luz, pero me parece que nunca antes habíamos podido decir lo mismo de todos los personajes protagonistas de una sola serie. Además, aunque las historias que se abordan son más complejas que las que podemos ver en Caillou o Pocoyo, el colorido, la música y la animación hacen de esta una serie muy atractiva para niñas y niños pequeños (y, por lo visto, también para adolescentes y adultos XD) logrando mantener su atención e incluso su comprensión. Definitivamente la recomiendo. Lo mejor es que es un programa del cual pueden inspirarse muy buenas conversaciones y que podrían disfrutar todos los miembros de la familia.

Reflexiones en torno al movimiento childfree

Existe un movimiento que se hace llamar Childfree, o sea, libre de niños. Son personas que eligen no tener hijos, cada quién por razones diferentes. La primera vez que me topé con datos sobre estas personas fue cuando, irónicamente, buscaba información sobre el libro de A.S. Neill, The Free Child. Pero bueno, tampoco es que me haya sorprendido mucho. Son muchos los jóvenes a los que he escuchado comentar que no quieren tener hijos (aunque, curiosamente, ninguno de mi círculo de cercanos… esos son todos “guaguateros” ^^) y desde mi abuela hasta mi propia madre han comentado que tener hijos no es lo que esperaban (y considerando sus actitudes frente a la maternidad, estoy segura de que eso quiere decir que desearían no haber tenido hijos) (debo ser adorable para que piensen así jajajaja xD) Sin embargo, de lo que he leído y conversado al respecto, sí hay algunos puntos que me sorprendieron y que quisiera comentar con ustedes. Separaré dichas apreciaciones según la razón de las personas para no tener hijos.

Motivos personales: Desagrado hacía los niños, no sentirse preparado, simplemente no tener ganas de ser madre o padre, etcétera [1].

Con respecto a quienes eligen no tener hijos por motivos personales no hay mucho que decir: es una cuestión de cada quién y lo cierto es que me alegra que exista gente lo suficientemente honesta como para admitir que no posee condiciones para criar. Lo que sí me molesta es que prácticamente quieran armar una sociedad sin niños. En Chile por suerte aún no pasa (quizás sí con los arriendos u.u), pero en Europa y USA son varios los restaurantes [2] [3] [4] y hoteles sin niños [5 (no soy la única que confundió chilfree con free child xD)] [6] [7], hay aerolíneas childfree [8] y hasta quieren establecer horarios en las grandes tiendas para que las personas sin hijos puedan comprar “tranquilas” [9]. No sé ustedes, pero a mí me molestan muchísimo ciertos grupos humanos, pero no por eso sugeriría un espacio en donde se los excluyera. Sé que es algo personal y así lo mantengo. En cambio se quieren establecer normas que excluyan a los niños porque cierto grupo considera, a priori, que son molestos.

¿Por qué rechazar a los niños es un derecho del local, pero rechazar a un negro es discriminación? ¿Acaso la acción no es la misma? Si ya estamos creando a un par de generaciones de jóvenes descontentos debido al adultocentrismo (se hace lo que el adulto y la autoridad desean, jamás o muy pocas veces lo que el niño quiere), ¿qué se puede esperar de aquellas personas que crecerán siendo discriminadas de local en local sin que nadie diga nada al respecto más que “están en su derecho”?

Motivos ecologistas: el mundo está sobrepoblado, calentamiento global, hambre mundial, etcétera [10]

Ni siquiera siendo anarquista, vegetariana y ecologista logro entender a las personas que deciden no tener hijos por motivos “altruistas”. Porque, ¡vamos!, ¿cuántos años van a estar predicando antes de que alguien les haga caso? Ellos, con su conciencia, van a dejar de tener hijos, pero hay millones y millones de personas a las que no les interesa su postura y que van a procrear igual. ¿No tendría más sentido tener hijos y criarlos en contacto con el medio ambiente para que puedan crecer y respetar el mundo al que llegaron? El ser humano no es dañino por naturaleza: tener hijos no implica que estos van a llegar al tiro destruyendo el ecosistema.

Además, con respecto al hambre y a la sobrepoblación hay que dejar algo bien en claro: pasamos hambre porque no administramos bien los recursos. Una dieta ovo-lacto vegetariana y, en especial, una dieta vegana, a nivel mundial permitiría que muchas menos personas pasaran hambre [11]. Si a eso le agregamos una distribución equitativa y acabar con el desperdicio (cada año los supermercados y otras tiendas botan toneladas de comida en lugar de regalarla [12] [13]) tendríamos comida suficiente para todos los seres humanos. Eso mismo sucede con la sobrepolación. Los espacios no se ocupan bien: mientras unos sectores están despoblados, otros tienen un exceso de personas. Frente a las numerosas posibilidades para solucionar los problemas que enfrentamos, a mí me parece una solución simplista elegir no tener hijos.

(A propósito, vean la introducción de la película Idiocracyhttp://www.youtube.com/watch?v=IAYNHtEDz64 )

Posturas antinatalistas: es inmoral traer niños al mundo cuando este es un lugar tan violento, en la vida sólo se sufre, etcétera [14]

Aquí también la cuestión me parece más personal, pues si a alguien le parece inmoral tener hijos, allá él. Sin embargo, como siempre sucede con los asuntos morales, el tema pasa a ser colectivo cuando se intenta imponer e incluso difundir (si elijo difundir algo es porque lo considero de interés colectivo y deseo que otras personas compartan mi postura).

La visión de que el mundo es un lugar demasiado violento para traer niños al mundo también la tuve. No era algo tan radical como criticar a otros por tener hijos, simplemente era una sensación momentánea. Pero de a poco fui aprendiendo a apreciar los diferentes placeres que conlleva vivir y eso que estoy pendiente de todos los horrores del mundo mucho más que la mayoría de las personas. Sólo que no me parece argumento suficiente para no tener hijos el que exista una guerra en el otro extremo del mundo. Si fuera en donde vivo, no, no tendría hijos. Pero no es así: en mi entorno mi hija podrá disfrutar de un bosque frondoso, de una buena lectura, de viajes, juegos, amigos, amor familiar… Incluso si llegara a pasarle algo, sentiría que su vida valió la pena, como alguna vez me comentó Marcelo Fuentes sobre su propio hijo [15].

Últimas reflexiones

No creo que ser madres o padres sea una necesidad. Al igual que muchos miembros del movimiento childfree, considero que las personas deberían reflexionar mucho más sobre el acto de tener hijos, pues no es cosa de tener sexo y parir: es una ardua responsabilidad que requiere muchísimos más sacrificios de lo que muchas personas están dispuestas a hacer (por algo hay tantos padres dejando a sus hijos llorar para ellos seguir con su vida “normal” o dejándolos en las salas cunas y escuelas como si estas fueran un estacionamiento de niños). También pienso que los tratamientos de fertilidad son tomados con demasiada ligereza: un buen número de mujeres termina teniendo partos múltiples de más de tres niños, lo cual no es sano ni para ellos ni para los padres. Es cierto que no siempre pasa, pero en algunos países simplemente no se toman los cuidados necesarios [16].

Pero además de este par de puntos de encuentro, no pienso que no existan razones para no procrear. Para mí la experiencia de tener una hija sigue siendo maravillosa y Samanta no parece llevarlo mal xD Acúsenme de optimismo exacerbado, pero desde mi punto de vista la vida sigue siendo un regalo y un milagro termodinámico lo suficientemente maravillosa como para despreciarla, sea la causa que sea.

Laurie: Has estado diciendo que la vida es insignificante, ¿cómo puedes ahora…?

Dr. Manhattan: Cambié de opinión.

Laurie: ¿Por qué?

Dr. Manhattan: Milagros termodinámicos… Son tan raros que parecen imposibles. Como que el oxígeno se convierta espontáneamente en oro. Hace tiempo que quiero ver algo así. En cada apareamiento humano, un millón de espermatozoides luchan por un sólo óvulo. Multiplica esa probabilidad por las infinitas generaciones, contra las posibilidades de que tus ancestros vivieran, se encontraran y engendraran esta hija… Hasta que tu madre ama a un hombre al que tiene toda la razón de odiar, y de esa unión, de los millones de niños que compiten por la fertilización, eres tú, sólo tú, la que emergió. Destilar esa forma tan específica de ese caos de improbabilidad, es como transformar en aire en oro… Una de la mayores improbabilidades. El Milagro Termodinámico.

Laurie: Si mi nacimiento, si eso es un milagro termodinámico… ¡Podrías decir eso de cualquier persona en el mundo!

Dr. Manhattan: Sí. Cualquiera en el mundo… Pero el mundo está tan lleno de personas que lo convierten en rutina que lo olvidamos… Lo olvidé. Miramos continuamente el mundo y eso nubla nuestras percepciones. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, puede aún asombrarnos. Ven… Seca tus ojos, porque eres vida, más rara que un quark e impredecible más allá de los sueños de Heisenberg, la arcilla en que las fuerzas que modelan las cosas dejan sus huellas. Seca tus ojos… y vamos a casa.

– Alan Moore, Watchmen, número 9.

Hacer activismo con los hijos

Hace un tiempo discutía con varias personas que pertenecen a una agrupación de padres y madres veg[etari]anos. La discusión se armó cuando una madre llegó diciendo que se había dado cuenta que imponer cualquier idea, por buena que pareciera, no era un acto de amor, así que había decidido permitirle a su hija elegir si comer carne o no. Ya estaba harta de armar una guerra en torno a la comida. Su posición me pareció sumamente acertada y la comparto: es más, desde que supe que estaba embarazada tuve claro que Samanta sólo iba a ser vegetariana hasta que adquiriera conciencia sobre sus alimentos. Si luego quiere comer carne, yo misma se la cocinaría.

La cosa es que después del comentario de la señora, llegaron montones de personas a decir que cosas como “nosotros sabemos lo que es mejor para nuestros hijos” y “los niños tienen que aprender a confiar en sus padres y comer lo que se les sirve en la mesa”, lo cual me pareció sumamente gracioso porque esas mismas personas son las que en algún momento tuvieron que batallar con sus propios padres para poder ser veg[etari]anos. También comentaban cosa como “si mi hijo quiere comer carne, que lo haga fuera de mi casa”. Postura que tampoco consideré coherente debido a que si es uno el que cocina carne en su casa al menos puede buscar granjas tradicionales para asegurarse que el animal no ha sido criado en tan malas condiciones como las industriales.

Gracias a ese debate me puse a pensar en uno más amplio: ¿es válido hacer activismo con nuestros hijos? Mi respuesta es que no. Una de las razones de mi negativa es que si uno intenta motivar o imponerle a los hijos que crean en lo mismo que uno al final la cosa resulta al revés. De tanto oír a tus padres predicarte una cosa, terminas quedando chato y con ganas de hacer todo lo contrario, quizás no siempre de manera consciente. Pero la otra razón, aún más importante, es que no es “justo” para el niño estar recibiendo el constante adoctrinamiento de sus padres, sea este relacionado con la alimentación, con su comportamiento o con su sexualidad.

Una cosa es predicar a personas que no viven con uno y sobre las que no tenemos ninguna influencia inherente. Pero otra muy diferente es joder a los niños día tras día con discursos sobre lo que comen, lo que hacen, lo que leen, lo que ven, etcétera. Por ejemplo, para abordar el consumo de carne con los hijos creo la cosa debe ser más bien casual: que el tema surge y se comente, pero no como algunos padres pretenden hacerlo: mostrar documentales, fotos, hacer comentarios a cada rato… Yo lo viví en el sentido inverso, pues a mi madre no le agradaba que fuera vegetariana y es terrible saber que cada comida tiene un potencial riesgo de que alguien llegue y te dé discursos sobre ello.

Con esto no quiero decir que no se pueda conversar con los hijos o entregar tu punto de vista. Sólo me parece necesario diferenciar esto de la prédica. La conversación es casual, breve, permite al otro entregar sus puntos de vista sin menospreciarlos y permite la retroalimentación. La prédica, por el contrario, es extensa, insistente y contiene el peso de la autoridad, por lo que no permite contradicciones. Yo soy vegetariana por compasión hacía los animales (humanos y no humanos) y hacía la naturaleza, pero aún así no me gustaría inculcarle a mi hija esos valores. Sí hablarle de ellos, enseñarle y mostrarle lo que sufren los animales, pero inculcarlo, entendiendo esto como la constante repetición de ideales o la obstinación de lo que se siente y se prefiere, no. Por la simple razón de que no quiero ponerle etiquetas, ya sean religiosas, morales o psiquiátricas. Que ella elija sus propias etiquetas. Yo puedo enseñar, por supuesto, pero como ya dije, no me gustaría inculcar.

Obligar a nuestros hijos a ser vegetarianos o veganos es adoctrinar, por más que se cubra de palabras bonitas. El mismo lenguaje es utilizado por personas que obligan a sus hijos a rechazar a los homosexuales, negros, etcétera. Aún cuando tengo plena seguridad de que lo correcto es no comer animales, especialmente de aquellos que provienen de la industria, si obligo a mi hija a seguir lo que yo pienso -por más argumentos que tenga a mí favor- estaré adoctrinándola.

Si de verdad a alguien le interesa que sus hijos sigan ciertos valores o se comporten de cierta forma, pues debieran predicar con sus acciones: la única carta válida es dar el ejemplo (los niños generalmente hacen lo que ven y no lo que les digan que hagan). Y claro, también es posible que los hijos no hagan lo mismo que nosotros, pero ¿cuál es el problema? Puede que los hijos salgan de nuestro cuerpo, pero al fin y al cabo están destinados a ser seres autónomos, con su propia forma de pensar.

Hay una imagen que me enviaron una vez en donde unos padres vestidos como punks se despiden de su hijo vestido con un terno y se preguntan qué hicieron mal. Imagino que la persona quería decir que eso me iba a pasar a mí. Me causo una gracia triste, porque esa es la regla: padres que se decepcionan de sus hijos sólo porque estos hacen lo que uno no quiere que hagan. En mi caso tengo bien claro que quizás mi hija no sea como yo y no profese mis valores. ¿Me sentiré decepcionada? Jamás. Mientras sea feliz, mientras elija lo que ella considere correcto, me sentiré triunfante como madre. Por cierto, no se imaginan la tristeza que me invade el escuchar a adolescentes diciendo que ojalá sus padres fueran así…

Para crear futuros esclavos

Uno de los principales beneficios de comprar libros usados, además del precio, es que encuentras títulos imposibles de encontrar en otros lugares. Fue en una preciosa librería en San Diego en donde encontré Escuela para padres (Tomo I) de Eva Giberti. No fue sino hasta hace poco que me puse a leerlo: la verdad es que lo compré más pensando en una fuente de investigación histórica que en un libro que me fuera a ser útil ahora, ya que al ser publicado en 1961, bueno… Me imaginaba un escrito de corte mucho más tradicionalista, pero resulta que no: Eva Giberti es una psicóloga, psicoanalista, profesora y asistente social argentina, caracterizada por su defensa a los DD.HH, estudios de género y su prioridad a la libertad en la educación de los niños.

Del libro mencionado quisiera compartir un artículo que me pareció sumamente interesante, sobre todo considerando que en nuestro país está el boga el tema de la educación. Para crear futuros esclavos es un texto que trata sobre la necesidad de fomentar la libertad y creatividad en las escuelas y en el hogar. Se hace una mención a la URSS que me parece interesante: por aquel entonces se creía que el capitalismo realmente podría traer más libertad que el socialismo soviético, pero quiénes vivimos en la actualidad nos podemos dar cuenta que si bien existe mucha libertad para vender, poner altos precios y saquear la naturaleza, también existe mucha manipulación para vender dichos productos e imponer tendencias, socavando las posibilidades de libertad. La escuela, al menos para las clases baja y media, es una instancia para crear mano de obra barata y se continúan apoyando modelos familiares tradicionalistas, arcaicos y adultocentristas. Hago estos reparos para que el artículo sea leído en contexto y se hagan las actualizaciones necesarias para ver cómo puede aportar a nuestro país y cultura occidental en general.

Para crear futuros esclavos de Eva Giberti [1]

Bajo el común denominador de “peligros morales” se encierra una atiborrada serie de riesgos, aparentes y reales, que sobrevuelan o se agitan alrededor del niño: la educación sexual, la vagancia, la convivencia con compañeros calificados como no aptos, el enfrentamiento con situaciones groseras y traumáticas, las experiencias tempranas alrededor de hechos que debieran esperar una mayor madurez, los ejemplos poco edificantes, la falta de sanciones para delitos punibles y la gama total de enumeraciones que, dentro de nuestra cultura, nos permite hablar de peligros morales para la niñez, sin descontar la buena dosis de prejuicios y fariseísmo que condimentan muchos hechos realmente no peligrosos. En general, si bien no hay todavía entre nosotros un conciencia nítida alrededor de lo que sí representa un riesgo para el chico, existe la posibilidad de polémica en favor de uno y otro postulado. Lo grave reside en aquellos sectores donde la inercia, el hábito, la indiferencia o la falta de información o meditación, permiten el desarrollo de prácticas educaciones que también constituyen peligros morales no solamente para un niño, sino para generaciones íntegras. Me refiero concretamente al peligro de la masificación, de la estandarización, de la pérdida definitiva de la personalidad en aras de postulados sociales, de orden y equilibrio, que conducen al hombre a ser cada vez menos individuo, menos personal y a diluirse en la indiferenciada multitud de los que coinciden, de los que obedecen ciegamente, de los que aceptan, de los que no revisan ni crean. La destrucción de la personalidad es un peligro moral que, viniéndonos desde afuera y partiendo desde los otros, sólo precisa encontrar campo propicio para  germinar. Una buena preparación de ese terreno la constituye la tendencia a la uniformidad y la persecución sistematizada y temprana de toda reacción o comportamiento original, capaz de salirse de los principios corrientes, habituales. La escuela, al menos entre nosotros, es la mayor fomentadora de los esquemas rígidos y tradicionales, no en lo que de importante y valiosa tiene una tradición, sino en cuanto es cómoda, conocida y bien probada. No sólo aquello que se enseña, sino cómo se enseña, constituyen increíbles ejemplos de mediocridad y estancamiento contra los que heroicamente luchan muchos educadores responsables.

Aquello que empieza con aulas de bancos simétricamente dispuestos, en los que los chicos no pueden moverse, que continúa con respuestas estereotipadas y dibujos calcados en cuadernos que deben ser todos igualitos y que se perpetúa en la enseñanza no renovada de hechos que, además de falsear realidades, no colocan al chico en su realidad inmediata, encuentra excelente eco en aquellos hogares donde los hijos deben comportarse y actuar como los demás y no como su personalidad lo señala. No es por casualidad que nuestros estudiantes universitarios están perdiendo el hábito de la bibliografía, lo mismo que los secundarios, y reclama apuntes para estudiar todos lo mismo en el menor tiempo posible. El hábito de pensar y discernir se está quebrando para entregar iniciativas fundamentales en manos de otros que piensen y decidan por nosotros: el peligro moral están en la entrega de nuestra originalidad, entrega que preparamos desde la niñez, vendiendo el derecho a ser distintos, de ser individuos, a instituciones o individuos que resuelvan en nuestro nombre. No puedo menos que transcribir un párrafo de Bertrand Russell, quien, en el terreno de lo internacional, ofrece un planteo y un contrapunto clarificador. Dice así:

“Están disputándose el mundo dos concepciones muy distintas de la vida humana. Para nosotros una gran sociedad es aquella que está compuesta por individuos que, en la medida humanamente posible, son felices, libres, creadores… El individuo debe tener su conciencia personal y sus fines personales, con libertad para desarrollarlos, salvo cuando causa daño a los demás… El gobierno ruso tiene una concepción distinta de los fines de la vida. Juzga que el individuo no tiene importancia y que cabe gastarlo… Se cree justo que los hombres sean esclavos rastreros, inclinados ante esos seres semidivinos que encarnan la grandeza del Estado”.

Las dos posiciones están claramente expuestas y si bien existen los matices intermedios, a nadie escapa que la mejor manera de condicionar futuros esclavos es permitir que se eduque a nuestros chicos en la monótona repetición de esquemas que no condicen con su ínsita personalidad. Por ello este capítulo tiene, como finalidad inmediata, señalar a los padres preocupados por la moral de sus hijos un aspecto soslayado y poco debatido: la posible transformación de los hijos en hombres-masa, lamentable destino de los niños preparados para conformarse y repetir.

[1] Giberti, Eva. Escuela para padres. Tomo I. Buenos Aires: Esece Editora, 1968.

Sociedad adultocéntrica

Desde que nació Samanta el hecho de que vivimos en un mundo “adultocéntrico” se ha hecho cada vez más visible para mí. Caminar por la calle con un bebé que quiere mamar te hace notar que en realidad no existen muchos lugares para detenerse a hacerlo y si te sientas en el pórtico de alguna tienda no falta quién te mire mal por obstaculizar la vista de la vitrina o algo así. Ahora entiendo a los pobres padres cuyos bebés lloran en lugares cerrados. Se siente una tremenda frustración, porque no sabes como calmar a tu bebé, pero tampoco quieres que el resto te mire con cara de “asesinaré a tu hijo si no lo callas de inmediato”. Y la guinda de la torta, es ver como las opciones de lugares a dónde ir se reducen a unos cuántos parques y, por suerte para los capitalinos, a la Biblioteca de Santiago (también se puede ir a un mall, pero entre quedarme en la casa e ir a un mall…).

Hace un tiempo comenzó a aparecer la tendencia free child que, contrario a lo que hubiera deseado A.S Neill, no se trata de niños libres sino de servicios libres de niños. Hoteles, restaurantes, aviones, entre otros, en donde no se permite el ingreso de niños menores de cierta edad. Si bien la tendencia me parece aberrante, creo que es sólo la manifestación clara y honesta de lo que realmente siente la mayor parte de la gente hacía los niños: que son un estorbo. Por algo toda la sociedad está estructurada de una manera en donde los niños no tienen cabida. Al menos no solos. No es posible dejar a un niño sin restricciones en una tienda, ni en la calle, ni en un restaurant y los padres sabemos no sólo lo difícil que es “controlar” a un niño en esos lugares, sino lo mucho que aprenderían si no tuviéramos que hacerlo por los riesgos que eso conlleva.

¿Que los niños son el futuro? Sí, muchos lo dicen. Pero en ese cliché la palabra clave es “futuro” porque demuestra su verdadero interés, que no son los niños. Lo que realmente interesa es el niño en potencia, lo que el niño puede llegar a hacer por ellos, por el futuro, por el mundo, pero no le dan importancia al niño en sí mismo. No les interesa castigar, reprimir o sermonear a un niño con tal de que en algún momento cambie su manera de ser y se convierta en lo que desean que sea. No importa si un niño es feliz destrozando juguetes, porque lo que realmente importa no es la felicidad del niño sino las expectativas en torno a él.

¿Han notado que nadie promueve darle el asiento a los niños en el transporte público? ¿O que le pedimos favores a los niños constantemente, creyendo que están menos cansados que nosotros o que lo que están haciendo es menos importante? ¿Han notado que cada vez son menos las madres que amamantan porque ven primero su comodidad y no la del niño? ¿O que el primer reparo en cuanto a criar niños libres es la molestia que vamos a sentir a causa de ese tipo de crianza? ¿Han notado que muchas parejas homosexuales no tienen reparo en contratar un vientre de alquiler, sin pensar en el dolor que puede sentir una criatura al ser separada de su madre? Todo esto es síntoma de una sociedad adultocéntrica, en donde los niños aún no tienen cabida. ¡Si ni siquiera nuestros hogares son aptos para niños! No sirve de nada establecer mil políticas en torno a la familia si como sociedad no comenzamos a cambiar esa actitud frente a los menores de edad. No sirve de nada ser anarquista si vamos a querer conducir las vidas de nuestros hijos. No sirve de nada ser anti especista si vamos a discriminar a otros seres humanos por su edad.

Lo único terrible (y al mismo tiempo, una de las tantas cosas maravillosas) de haber tenido a Samanta es que ahora me doy cuenta que yo también estuve participando durante muchos años en ese “juego”. Que, emulando a mi madre, le grité a mis hermanas y las hice callar. Que critiqué a niños por llorar en el supermercado o por no quedarse quietos en una sala de clases y me quejaba si un bebé lloraba en una micro. Y, en cierta forma, entiendo a la gente y por lo mismo aquí no quiero hacer una condena sino un llamado de atención. Quiero que abramos un poco las mentes y nos demos cuenta de que, si quisiéramos, podríamos crear una sociedad en donde los niños sí tengan cabida. Que podemos convivir con ellos sin necesidad de caer en el juego de poder y que hay tanto, ¡tanto!, que aprender de ellos que el cambio es realmente necesario. Si vamos a decir que los niños son el futuro, al menos tengamos el reparo de otorgarles un buen presente.

“Nada, nada me agrada más
que ver a los niños jugando, descubriendo
sus instintos tersos y sus músculos flexibles, con esas risas
impredecibles como las rutas del viento. Ellos sí que saben
actuar como dioses, engendrar especies y mundos, dialogar
con los animales a empujones y balbuceos, venerar
los espíritus del barro y de las aguas. No acostumbro
pedirles nada a mis criaturas, pero hoy día les suplico
una sola cosa: dejen en paz a mis niños, no me los envejezcan
antes de tiempo, no enturbien sus inteligencias. Yo, el Señor, se lo pido
humildemente, por favor […]

No entristezcan, no corrompan, no levanten
sus manos contra mis niños. Déjenlos en paz, permítannos
a ellos y a Mí ser divinos: bañarnos en las fuentes de las plazas,
mearnos en el parqué y los pantalones,
llorar y matarnos de risa en sus iglesias y barbas:
así, malmirados pero felices, estamos bien. Ustedes tienen razón, después de todo:
ustedes son los grandes, los maduros, pero olvidan
que lo único que le falta al fruto maduro es podrirse.”

Marcelo Fuentes.

El menoscabado feminismo

Por alguna razón, el feminismo suele despertar reacciones de lo más peculiares, ya sea en mujeres como en hombres (aunque generalmente los segundos son los que reaccionan peor). Por más que uno explique que feminismo es libertad de elección, respeto e igualdad, la mayor parte de las personas sigue insistiendo en que el feminismo es la contraparte del machismo e implica la creencia en la superioridad de la mujer.

Es más, hace poco, Leslie Power se refirió a las complicaciones de la mujer actual (extensas jornadas laborales, menos tiempo para criar, delegar funciones de crianza en desconocidos) como “las malas jugadas del feminismo” [1]. Esto pasando por alto que Beauvoir siempre habló de la maternidad velando por el bienestar de la madre y su hijo [2] al igual que Emma Goldman [3]: ambas postulaban que la maternidad debía ser libre (¿qué madre puede ser “buena” si no está feliz o al menos conforme con su situación?). Por supuesto, han sido mal interpretadas (en mi opinión, a propósito, pues sus textos son tan claros que no hay mal interpretación posible). Incluso Betty Friedan consideraba la maternidad como un freno en su contexto, pero no en general y en el nuevo prólogo de La mística de la femeneidad presenta una nueva causa para el feminismo: buscar que las jornadas laborales dejen de ser tan enfermizas y formar una sociedad en donde la madre, el padre y los hijos tengan cabida y no sean un estorbo en la maquinaria.

Decir que una mujer no debe ser madre no es feminismo. Decir que la mujer está por sobre el hombre no es feminismo. Ambos postulados se alejan por completo de la idea del feminismo que significa, como ya dije, libertad de elegir, igualdad y respeto. El hembrismo es la contraparte del machismo. Y las extensas jornadas laborales y la delegación del cuidado de los hijos en desconocidos no son un conflicto causado por las teorías feministas sino por el capitalismo y el neoliberalismo, que buscan por sobre todas las cosas la eficiencia material y no la felicidad o el bienestar del individuo (como bien indicó la “Alejandrita” [4]).

Pero bueno, todo lo anterior aún no me sirve para desentrañar de dónde viene esta visión negativa del feminismo. No logro entender como postulados tan claros fueron desvirtuados y como una causa que abogaba por eliminar el patriarcado se convirtió en conseguir sueldos decentes en un sistema que ya estaba podrido hace tiempo.

Dejaré esta como una entrada sin concluir, pues me queda como tarea pendiente investigar en qué momento sucedió esa desvirtuación. A las personas que me leen les dejo una pregunta: si no concuerdan con el feminismo o si alguna vez no concordaron con este, ¿a qué se debe/debió? ¿Tuvieron siempre esta idea del feminismo o tenían otra? Y si tenían otra, ¿de dónde la obtuvieron?

El mundo de los bebés

El mundo de los bebés es un documental hecho para dilucidar qué métodos son más efectivos para criar a un bebé durante sus primeros meses de vida. Tal promesa, como suele suceder con este tipo de documentales, no se cumple y el programa termina con una frase muy habitual cuando se trata de m(p)aternidad: “todos los métodos sirven, dependiendo de la familia”. Una frase cliché que se aplica en algunos puntos, pero no en todos, pues hay cosas que sí son mejores que otras independiente de la familia o la cultura en la que se este inmerso.

Si bien leí Tu hijo del doctor Spock y El Concepto del Continuum de Jean Liedloff, no estuve familiarizada con Truby King hasta después de ver El mundo de los bebés, pero sí leí Duérmete, niño de Eduard Estivill, que vendría a ser el análogo de King. He leído sobre cada una de estas perspectivas desde que quedé embarazada. Mucha gente me ha hecho comentarios referente a eso. Me preguntan si acaso creo necesario leer libros para criar a mi hija. Y lo cierto es que sí, los necesito. No para tener un manual de instrucciones, sino para obtener otros puntos de vista. Como bien señalan muchos padres, vivimos en una época de incertidumbre y recibimos montones de información. Conocer los distintos puntos de vista nos ayuda a elegir un camino que, de preferencia, no esté marcado por exigencias externas, sino por lo que esperamos al formar una familia (con veracidad sobre los resultados, por supuesto. Como podrán comprobar más adelante, muchos de estos métodos se escudan bajo mentiras para venderse).

Con respecto al documental, trataré de examinar los principales puntos de las teorías de cada autor para que puedan comprobar lo irresponsables y adultocéntricos que han sido los productores de El mundo de los bebés al sugerir que todos los métodos sirven.

ADVERTENCIA: Aunque parezca obvio decirlo, sugiero que para efectos de una óptima lectura vean el documental completo antes de leer mis comentarios y observaciones.

LACTANCIA MATERNA: Es curioso que en el documental sólo Claire Scott (la “mentora” que se basa Jean Liedloff) promueva la lactancia materna. Curioso, pues se supone que el concepto del documental es seguir los tres “manuales” elegidos y todos los autores recomiendan la lactancia materna.Como señalé antes, existen puntos que no dependen de la familia o la cultura y este es uno de ellos. Los beneficios de la lactancia materna tanto para la madre como para el bebé están ampliamente documentados [1] [2] [3] [4] [5] y las tribus indígenas comprendían dichos beneficios sin necesidad de hacer estudios sobre el tema. Por supuesto, no se trata de imponer, pero creo que es necesario que las madres conozcan todos esos beneficios al momento de elegir que alimentación van a otorgar a sus hijos. Si estos beneficios no se conocen, se suele caer en el error de creer que es lo mismo alimentar a un bebé con leche de vaca, leche maternizada o leche materna.

Si bien todos los autores recomiendan la lactancia materna, sólo Truby King establece horarios, lo cual no está recomendado en la actualidad, pues es mejor tanto para el bebé como tribuspara una adecuada producción de leche que el lactante mame a demanda [6] [7].

DORMIR: En este punto podemos encontrar más desacuerdos. Para Liedloff lo más apropiado es que los bebés duerman con sus madres hasta que ambos quieran. De esta forma se continúa la lactancia materna a demanda durante la noche, la madre duerme mejor pues no debe levantarse a cada momento y el bebé duerme más tranquilo al estar en contacto con su progenitora. Para respaldar esta tesis la antropóloga argumenta que los bebés, por cuestiones evolutivas, necesitan dormir acompañados. De preferencia por sus madres. Para Spock, el bebé debía dormir en la habitación de sus padres los primeros tres meses y luego se lo debía cambiar de habitación y dejarlo llorar hasta que se resignara y aprendiera a dormir solo, pues según el doctor un bebé a esa edad sólo llora de rabia por no poder estar con sus padres (N/A: ¿y eso es menos importante?). Para Truby King, un bebé debía dormir solo en su habitación desde que nacía y los padres debían dejarlo llorar. Sus principales argumentos están enfocados en la creencia de que los bebés son seres manipuladores y que por ello los padres no debemos ceder a sus demandas, si no a la inversa.

Nuevamente, una de las mentoras no cumplió con lo que se señalaba en su manual. Es cierto que una de las premisas de Spock era que la madre sabía más de lo que creía, pero aún así él establece muchísimas reglas que Trina Hamilton pasa por alto. La permisividad que se le achaca a Spock surge más bien de la comparación porque claro, si lo ponemos al lado de alguien como Truby King, Spock es sumamente permisivo.

En cuanto al colecho se dice mucho. Lo cierto es que en pediatría no existen estudios concluyentes. La UNICEF recomienda el colecho para mantener la lactancia materna y sólo advierte los posibles peligros de la cama, que pueden ser prevenidos [8]. Otros estudios señalan que el colecho es una mala práctica porque no consideraría las reales necesidades del niño [9], sin embargo me parece necesario recalcar la contradicción que supone que esas necesidades reales sean las que plantee el pediatra y no las que exprese el niño (ya sea a través de su llanto o con palabras en edades posteriores).

Uno de los principales motivos que se usan para desaconsejar el colecho es que los hijos se “mal acostumbran” y que luego es imposible sacarlos de la cama y/o enseñarles correctos “hábitos del sueño”. Lo cierto es que los estudios con respecto a esto último demuestran que el colecho permite que los niños duerman bien, no existen riesgos de que luego no quieran salir de la habitación de sus padres (como suele preguntar Carlos Gonzalez: ¿alguien conoce a un niño de 15 años que duerma con sus padres?) y sólo es necesario tomar las medidas necesarias para que la cama no sea peligrosa para el bebé [10] [11]. Es más, algunos estudios incluso plantean que el colecho fomenta la lactancia materna y ayuda al bebé a dormir mejor [12].

¿Qué método resulta mejor? Mientras no se deje llorar a los niños solos en su habitación (a continuación me enfocaré en el tema del llanto), se los mantenga en su cuarto los seis primeros meses (para evitar el riesgo de muerte súbita) y se los respete, cualquier forma de dormir es buena para el niño.

LLANTO: Con respecto al llanto, Spock consideraba que después de los tres meses el bebé sólo llora para manipular, por lo que si sus necesidades básicas están cubiertas hay que dejarlo solo. Truby King también pensaba así, pero lo extendía desde el nacimiento del bebé. En oposición a ambos, Liedloff plantea que el llanto siempre es una forma de comunicar algo, por lo que los padres deben prestarle atención e intentar calmarlo.La mayoría de los estudios hechos sobre el llanto de los bebés (los estudios de verdad, no los de Estivill en donde se cita a sí mismo o cita a discípulos que lo citan a él) confirman que dejar llorar solo a un bebé le puede causar daños ya sea en su infancia o más adelante. La mayoría de los “expertos” que sugieren dejar a los bebés llorar o las familias que siguen estos modelos aseguran que estos dejan de llorar. Eso sucede porque el bebé adquiere algo que han llamado como “indefensión aprendida”: como el bebé sabe que no puede contar con quiénes lo rodea, deja de llorar [13]. No es que los bebés “aprendan” que deben dormirse solos, sino que se resignan a que nadie los ayudará.

Aún considerando lo anterior, es debido mencionar que el llanto no es totalmente negativo. Este tiene funciones terapéuticas, por lo que no hay que sentir tanta presión cuando el bebé llora, sólo hay que intentar calmarlo y si no funciona, hacerle compañía para no aumentar su angustia [14] [15].

CARICIAS Y ATENCIÓN: Tanto Spock como Liedloff concordaban en que el cariño era fundamental para el bienestar del bebé y de la madre y en que no existe un parámetro de cuánto cariño o atención debe recibir el lactante. Por el contrario, Truby King planteaba que era necesario dejar a los bebés solos la mayor parte del tiempo y disminuir las caricias lo máximo posible para criar niños menos individualistas. En el documental podemos ver como Claire Varity sólo permite que la madre sostenga a su hijo por diez minutos y que al darle mamadera tiene que mantener al bebé lo más distanciado posible de sí misma.

Actualmente los estudios apoyan las tesis de Spock y de Liedloff. Las caricias producen endorfinas (inhibidoras de las fibras nerviosas que transmiten el dolor y analgésica. Produce sensación de bienestar) y disminuye el cortisol (hormona que se produce en respuesta al estrés y que segregada a largo plazo puede causar diversos daños [16]).

OPINIÓN PERSONAL SOBRE LAS MENTORAS Y LOS MÉTODOS UTILIZADOS: Una de las mayores impresiones que me lleve al escuchar a Claire Varity, mentora del método Truby King, es su forma de ver a los hijos como “enemigos” a los que hay que doblegar. Además, está hablando todo el tiempo sobre como los padres deben “recuperar la normalidad”. Entonces, ¿para qué tienen hijos? ¿Cuál sería el sentido de tener hijos si no se cambia, si no se cree en la sabiduría que ese cambio nos puede aportar? Digo, si alguien quiere dedicarse a dar fiestas, pasarlo bien y dormir en paz, lo último que debe hacer es tener hijos. Es notable la pregunta de Trina Hamilton: “Si vas a apartar a tus hijos la mitad del día, ¿para qué los tienes?”.

Creo que los hijos vienen a cambiarlo todo y es justamente la gracia de tenerlos. Nuestros esquemas se rompen y somos capaces de aprender cosas nuevas. Es cierto que no hay que dejar todo de lado al tener hijos y que estos también también tienen que adaptarse a uno. Pero eso debe ser de manera gradual, con algunos sacrificios y también aprendiendo a hacer las cosas de formas diferente.Cuando nos vamos a vivir con una pareja o incluso con un grupo de amigos tenemos que comenzar a cambiar parte de nuestro estilo de vida. Pues con los bebés pasa lo mismo. Negarse al cambio es negar uno de los principales factores que nos permite sobrevivir.

A Claire Scott, mentora del método de Jean Liedloff, también le encuentro sus contra. Si bien concuerdo con casi todo lo que dice, no me gusta su forma de argumentarlo, siempre recurriendo a la falacia ad antiquitatem, ya que “siempre se ha hecho así” es un argumento fácilmente refutable (¡Ojo! Liedloff no argumenta de la misma forma). Es más, si apelamos a lo “natural”, pues el cambio está dentro de nuestra naturaleza y podemos buscar formas de hacer las cosas de manera diferente sin que ello sea perjudicial.Concuerdo con ella en respetar los ritmos del bebé, pero pienso que esos ritmos pueden ser respetados en una cuna y en un coche, no sólo en un porta-bebés y durmiendo al lado de sus padres.

Trina Hamilton, por su parte, no sigue los planteamientos de Spock. No es la gran crítica, pero sí es debido señalarlo, ya que la premisa del documental indica que estas mentoras seguirán los libros al pie de la letra. Con respecto a sus métodos, Hamilton señala que si uno no quiere darle pecho al bebé no tiene que sentirse culpable, pero me parece algo negligente no informarle a esas madres que la mejor opción es la lecha materna, tanto por un tema nutricional como afectivo. No es obligarles, por supuesto, pero sí mostrarles cómo son las cosas. Al menos en el tema de la lactancia materna sí existen hechos demostrables que respalden sus beneficios y que una “experta” los pase por alto no me parece bueno. Sí me gustó eso de “deja las cosas que no son importantes y recarga tus pilas” y también lo de aceptar toda la ayuda posible.

SOBRE EL DOCUMENTAL: Como ya señalé varias veces, una de las fallas del documental es que las mentoras no siguen las lecturas al pie de la letra. Sin embargo, una crítica mucho más importante es que los métodos utilizados sólo estudian los primeros tres meses de vida. Las secuelas de la primera infancia pueden verse sólo años después, por lo que no se puede concluir que un método es buen enfocándose en tres meses de vida. Sólo Claire Scott demostró con hechos que los niños criados bajo el concepto del continuum obtienen bienestar e independencia, cosas que ella prometió.

También es importante destacar que en el documental no señalan qué métodos están pensados en el bienestar de los padres (en su época, King y Spock hicieron sus planteamientos pensando en el bienestar de los bebés, pero hoy sólo se siguen implementando pensando en la comodidad de los adultos) y cuáles en el bienestar de los bebés.

No se le pueden pedir peras al olmo. Los documentales de esta índole nunca profundizan y ciertamente son sesgados y responden más a intereses comerciales que a verdaderas intenciones de informarnos (se destaca, por ejemplo, el caso de la lactancia materna. Evidentemente existen intereses tras la forma en que el tema fue abordado, y posiblemente tengan que ver con asuntos de orden económico, como venta de mamaderas, leches maternizadas y otros).

Ocultándose bajo la democrática imagen del “directorio pluralista”, despliegan su mejor arma: poner en un mismo nivel enfoques y teorías que por su mera coexistencia son supuestamente igual de válidas. Con la ilusión de control de nuestras propias decisiones que este relativismo transmite, convierten al espectador en controlado; entendiendo el control que ellos ejercen sobre los contenidos también a los receptores de los mismos.