Pizzatón vegana en Valparaíso

Lxs invitamxs cordialmente a asistir a la Pizzatón Vegana que se realizará este sábado 25 de mayo en las Oficinas del Colectivo Oveja Negra.

Tendremos varios tipos de pizzas (para servir y llevar) y bebestibles. También podrás encontrar los diseños exclusivos de Parches Insumisos.

Pizza familiar: $5.000 (sólo para llevar)
Pizza individual + bebestible: $1.500

¿Sabes de respotería vegana, serigrafía, estampas poleras, etc? Si quieres sumarte a la iniciativa sólo escríbenos para ponernos de acuerdo.

Actividad libre de alcohol y humo.

Los fondos recaudados se destinarán al desarrollo de una editorial independiente.

Ubicación:
Orompello #24, Cerro Artillería, a pasos de la Aduana vieja.

Evento en Facebook

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My Little Pony FiM: Ideal para lxs niñxs

Desde hace poco más de dos años el “inicio” de mi Facebook aparecía plagado de imágenes y referencias a My Little Pony. Como yo vivo bajo una roca, sólo me enteré de la causa de este furor hace un par de meses atrás gracias a esta retrospectiva. Nunca fui muy fanática de los ponies y siempre me ha costado entender porqué son tan populares entre las niñas, pero CR hablaba con tanta pasión de la serie que me fue imposible no darle una oportunidad. Me alegro de haberlo hecho, pues My Little Pony: Friendship is Magic se ha convertido en uno de mis dibujos animados favoritos y también en uno de los preferidos de mi hija Samanta.

Con un título tan cursi es difícil pensar en que la serie tenga un desarrollo relativamente inteligente, ¿cierto? Pero las apariencias engañan. Pese a su aspecto y cursileria, MLP:FiM tiene un contenido que no sólo es apto para personas de todas las edades sino que también me atrevo a declararla una de las mejores series que podemos mostrarle a nuestros hijos por las siguientes razones:

i) Diversos modelos a seguir: Mientras otras series de moda entre niñas pequeñas, como Strawberry Shortcake o Monster High, se ajustan a típicos roles asociados a la mujer, MLP:FiM rompe esquemas y nos presenta una tremenda diversidad de personajes femeninos. Nuestra protagonista podría parecer la típica nerd, pero a diferencia de Ginger (As told by Ginger), Phoebe (Hey Arnold!) o Ghoulia Yelps (Monster High) que desean, ante todo, ser aceptadas, a Twilight Sparkle no le interesa socializar ni hacer amigos. Su único interés son sus estudios, al menos hasta que es enviada a Ponyville. Por fin el interés por los libros y la lectura no es mostrado como un escape para personas tímidas sino una elección libre de alguien que realmente está interesado en el tema.

La serie hace lo posible por romper estereotipos. Rarity, por ejemplo, es la típica chica elegante, interesada en la moda, la costura y las joyas. Por ello todas sus amigas creen que al ser secuestrada será la típica damisela en peligro (A Dog and Pony Show). Sin embargo, ella demuestra ser perfectamente capaz de resolver el conflicto por su cuenta, haciendo uso de las mismas características que a veces la hacen parecer más débil.

Rainbow Dash, Applejack y Scootaloo son las ponies con características menos “femeninas” acorde al estandar popular. Rainbow adora la velocidad y su sueño es volar con los Wonderbolts, los mejores voladores de toda Equestria. Además es una chica ruda, valiente y, porqué no decirlo, un tanto violenta. Applejack es casi la antítesis de Rarity; le molesta la elegancia, no le desagrada ensuciarse y su mayor pasión es cultivar manzanas en la granja de su familia. Además es una excelente atleta, una buena arreadora y, contrario a lo que uno pudiera esperar, también es catalogada como “una de las mejores pasteleras de todas”. Scootaloo, personaje secundario, es una pequeña pegaso admiradora de Rainbow. También ama la velocidad e intenta ser lo más ruda posible para llegar a ser como su heroína.

ii) Desescolarización: Si bien en el universo de MLP sí existe una escuela a la que asisten las ponies más pequeñas, toda la serie se centra en lo que aprenden Twilight y sus amigas en la vida diaria. Nuestra protagonista es enviada a vivir en Ponyville porque la Princesa Celestia, su tutora, quiere que haga amigos, reconociendo así el valor que tiene la interacción social en el aprendizaje. Incluso las ponies que sí van a la escuela (Scootaloo, Sweetie Bell y Applebloom) aprenden más fuera de esta. Hasta ahora (final de la 3ª temporada) la serie no ha mostrado ni un sólo capítulo en donde la lección aprendida tenga relación con la importancia de la escuela.

Todos los aprendizajes de Twilight (y, desde la segunda temporada, los de sus amigas) son enviados a modo de carta a la Princesa Celestia, quién actúa como un receptor pasivo de estos. Ella interfiere sólo si las cosas se ponen graves. Esta actitud me suena mucho a como las familias unschoolers actúan frente a los aprendizajes de sus hijos.

iii) Moral espontánea: Una tendencia habitual en las series infantiles es abordar el aspecto moral de la manera más burda y obvia posible. La cosa suele funcionar más o menos así: un adulto o personaje responsable advierte a los niños que no deben hacer algo, pero estos lo hacen igual, con lo que terminan descubriendo que la persona tenía razón y debieron haberle hecho caso desde un principio. Como en MLP los padres no se mencionan o apenas aparecen los personajes tienen un campo de acción más amplio y se permiten cometer errores sin que nadie les diga que lo son. Pueden descubrirlo por su cuenta, haciendo que dicho aprendizaje sea realmente comprendido tanto por ellas como por la audiencia. Aún cuando cada episodio finaliza con una narración de lo aprendido, no se siente forzado ni se siente como si los creadores de la serie tomaran a los niños por estúpidos.

iv) Respeto por los animales: Tal vez esta sea una de las pocas series en las que no se va a ver ni un solo producto cárnico. Quizás para familias no-veg[etari]anas no parezca importante, pero si crían a un niño bajo los principios del respeto por los otros animales entenderán lo complicado que es tener que explicarle porqué su personaje favorito se está comiendo un pavo. Es agradable poder disfrutar de una serie con la tranquilidad de que todos los personajes son vegetarianos, pero sin que esto resulte un eje de la serie. Cuando se pone énfasis en personajes vegetarianos, como con Sam (Danny Phantom) o Sharon (Braceface), sólo se logra presentar un quiebre con los otros personajes. Esto no siempre es negativo, pero cuando estamos intentando hacer de esto un principio familiar la idea es que no sea visto como algo extraño.

v) El romance no lo es todo: Desde Disney hasta Nickelodeon, las historias infantiles suelen estar rodeadas de amor romántico. De hecho, es el eje principal de muchas historias. Aunque a veces resulta divertido, como el amor que Helga siente por Arnold (Hey Arnold!) o permite abordar temas interesantes, como el amor más allá de las apariencias físicas en La Bella y la Bestia, lo cierto es que se ha abordado el tema hasta el cansancio. A menos que una película o serie infantil decida abordar el amor entre personas del mismo sexo, no necesitamos más historias que aborden el romance. El equipo creativo de MLP parece estar consciente de ello y ninguna de nuestras protagonistas está enamorada. Curiosamente el único personaje protagónico enamorado es el masculino, Spike, un dragón que tiene por objeto amoroso a Rarity.

En el último tiempo he leído muchas quejas en blogs de maternidad sobre la hipersexualización de las niñas en los medios y la ausencia de dibujos animados o series apropiadas para ellos. Y tienen razón: desde hace muchos años los roles femeninos infantiles han estado sumamente limitados al igual que las historias desarrolladas con ellos. Algunos personajes novedosos han visto la luz, pero me parece que nunca antes habíamos podido decir lo mismo de todos los personajes protagonistas de una sola serie. Además, aunque las historias que se abordan son más complejas que las que podemos ver en Caillou o Pocoyo, el colorido, la música y la animación hacen de esta una serie muy atractiva para niñas y niños pequeños (y, por lo visto, también para adolescentes y adultos XD) logrando mantener su atención e incluso su comprensión. Definitivamente la recomiendo. Lo mejor es que es un programa del cual pueden inspirarse muy buenas conversaciones y que podrían disfrutar todos los miembros de la familia.

Hacer activismo con los hijos

Hace un tiempo discutía con varias personas que pertenecen a una agrupación de padres y madres veg[etari]anos. La discusión se armó cuando una madre llegó diciendo que se había dado cuenta que imponer cualquier idea, por buena que pareciera, no era un acto de amor, así que había decidido permitirle a su hija elegir si comer carne o no. Ya estaba harta de armar una guerra en torno a la comida. Su posición me pareció sumamente acertada y la comparto: es más, desde que supe que estaba embarazada tuve claro que Samanta sólo iba a ser vegetariana hasta que adquiriera conciencia sobre sus alimentos. Si luego quiere comer carne, yo misma se la cocinaría.

La cosa es que después del comentario de la señora, llegaron montones de personas a decir que cosas como “nosotros sabemos lo que es mejor para nuestros hijos” y “los niños tienen que aprender a confiar en sus padres y comer lo que se les sirve en la mesa”, lo cual me pareció sumamente gracioso porque esas mismas personas son las que en algún momento tuvieron que batallar con sus propios padres para poder ser veg[etari]anos. También comentaban cosa como “si mi hijo quiere comer carne, que lo haga fuera de mi casa”. Postura que tampoco consideré coherente debido a que si es uno el que cocina carne en su casa al menos puede buscar granjas tradicionales para asegurarse que el animal no ha sido criado en tan malas condiciones como las industriales.

Gracias a ese debate me puse a pensar en uno más amplio: ¿es válido hacer activismo con nuestros hijos? Mi respuesta es que no. Una de las razones de mi negativa es que si uno intenta motivar o imponerle a los hijos que crean en lo mismo que uno al final la cosa resulta al revés. De tanto oír a tus padres predicarte una cosa, terminas quedando chato y con ganas de hacer todo lo contrario, quizás no siempre de manera consciente. Pero la otra razón, aún más importante, es que no es “justo” para el niño estar recibiendo el constante adoctrinamiento de sus padres, sea este relacionado con la alimentación, con su comportamiento o con su sexualidad.

Una cosa es predicar a personas que no viven con uno y sobre las que no tenemos ninguna influencia inherente. Pero otra muy diferente es joder a los niños día tras día con discursos sobre lo que comen, lo que hacen, lo que leen, lo que ven, etcétera. Por ejemplo, para abordar el consumo de carne con los hijos creo la cosa debe ser más bien casual: que el tema surge y se comente, pero no como algunos padres pretenden hacerlo: mostrar documentales, fotos, hacer comentarios a cada rato… Yo lo viví en el sentido inverso, pues a mi madre no le agradaba que fuera vegetariana y es terrible saber que cada comida tiene un potencial riesgo de que alguien llegue y te dé discursos sobre ello.

Con esto no quiero decir que no se pueda conversar con los hijos o entregar tu punto de vista. Sólo me parece necesario diferenciar esto de la prédica. La conversación es casual, breve, permite al otro entregar sus puntos de vista sin menospreciarlos y permite la retroalimentación. La prédica, por el contrario, es extensa, insistente y contiene el peso de la autoridad, por lo que no permite contradicciones. Yo soy vegetariana por compasión hacía los animales (humanos y no humanos) y hacía la naturaleza, pero aún así no me gustaría inculcarle a mi hija esos valores. Sí hablarle de ellos, enseñarle y mostrarle lo que sufren los animales, pero inculcarlo, entendiendo esto como la constante repetición de ideales o la obstinación de lo que se siente y se prefiere, no. Por la simple razón de que no quiero ponerle etiquetas, ya sean religiosas, morales o psiquiátricas. Que ella elija sus propias etiquetas. Yo puedo enseñar, por supuesto, pero como ya dije, no me gustaría inculcar.

Obligar a nuestros hijos a ser vegetarianos o veganos es adoctrinar, por más que se cubra de palabras bonitas. El mismo lenguaje es utilizado por personas que obligan a sus hijos a rechazar a los homosexuales, negros, etcétera. Aún cuando tengo plena seguridad de que lo correcto es no comer animales, especialmente de aquellos que provienen de la industria, si obligo a mi hija a seguir lo que yo pienso -por más argumentos que tenga a mí favor- estaré adoctrinándola.

Si de verdad a alguien le interesa que sus hijos sigan ciertos valores o se comporten de cierta forma, pues debieran predicar con sus acciones: la única carta válida es dar el ejemplo (los niños generalmente hacen lo que ven y no lo que les digan que hagan). Y claro, también es posible que los hijos no hagan lo mismo que nosotros, pero ¿cuál es el problema? Puede que los hijos salgan de nuestro cuerpo, pero al fin y al cabo están destinados a ser seres autónomos, con su propia forma de pensar.

Hay una imagen que me enviaron una vez en donde unos padres vestidos como punks se despiden de su hijo vestido con un terno y se preguntan qué hicieron mal. Imagino que la persona quería decir que eso me iba a pasar a mí. Me causo una gracia triste, porque esa es la regla: padres que se decepcionan de sus hijos sólo porque estos hacen lo que uno no quiere que hagan. En mi caso tengo bien claro que quizás mi hija no sea como yo y no profese mis valores. ¿Me sentiré decepcionada? Jamás. Mientras sea feliz, mientras elija lo que ella considere correcto, me sentiré triunfante como madre. Por cierto, no se imaginan la tristeza que me invade el escuchar a adolescentes diciendo que ojalá sus padres fueran así…

El periodismo ataca de nuevo

El diario chileno Las Últimas Noticias no se caracteriza precisamente por su prolijidad a la hora de investigar. Es más, LUN suele ser un periódico más de farándula que de cualquier otra temática más relevante y por lo mismo, a veces resulta ilógico dedicar tiempo y esfuerzos a rebatir sus artículos. Sin embargo, también hay que considerar que es uno de los diarios más vendidos del país y que la población suele tomar la perspectiva periodística como si de expertos se tratara. Por esto último, quisiera dedicar una entrada a rebatir el artículo “Veganos: no comen nada que tenga ojos“, escrito por Máximo Peralta.

Máximo Peralta comienza su artículo con el pie izquierdo afirmando que los veganos no consumen ciertos tipos de levaduras. Probablemente su comentario se deba a que la levadura está hecha de hongos, que son seres vivos. Sin embargo, los hongos se asemejan más a las plantas que a los animales, pues son seres vivos no sintientes. Un poco de investigación en las principales páginas sobre el tema hubiera dado al autor una idea mucho más clara de que puede o no consumir un vegano (en Conciencia Animal, Euroveg y Vegetarianismo.net el consumo de levaduras está recomendado en una dieta vegana).

Luego, Peralta menciona el caso de la familia vegana Le Moaligou. Esta familia francesa ha sido muy mencionada los últimos días debido a que su hija de 11 meses murió de desnutrición. Gran parte de la prensa mundial, LUN incluido, han achacado esa muerte al veganismo, sin considerar los principales factores que causaron la muerte de Louise:

– La familia Le Moaligou no sólo era vegana, sino también naturista. No creían en la medicina occidental, por lo que no llevaban a su hija al control pediátrico correspondiente. Esto se pone peor cuando se informa que Louise tenía una bronquitis crónica no tratada. Como ideología, el veganismo no se opone a la medicina. 

– Louise era alimentada exclusivamente con leche materna. Esto no sería un problema de no ser que la lactancia exclusiva sólo es recomendada hasta los 6 meses: luego se deben incluir otros alimentos que la beba de 11 meses no consumía.

– Los medios también han señalado que la leche de Sergine, la madre, no tenía los nutrientes necesarios debido a su veganismo, sin considerar que estudios hechos en países africanos han demostrado que la leche materna es nutritiva incluso si la madre sufre de desnutrición. Por supuesto, lo óptimo es que la madre esté bien nutrida, pero si esto no sucede sigue siendo poco probable que un bebé muera de desnutrición siendo amamantado.

En el fondo, el artículo de Peralta termina mezclando un montón de cosas para dar la impresión de que el veganismo es una dieta poco saludable. Crea fantasmas donde no los hay y propicia que los padres que optan por alimentar a sus hijos bajo tal régimen sean mal vistos y criticados. Imagino que también es un artículo que puede crear conflictos en los hogares donde los jóvenes siguen tal dieta. Pero claro, no importa crear conflictos y escribir un artículo mediocre y desinformado con tal de cumplir con la pega.

Mi intento fallido de veganismo

Antes de hablar sobre veganismo, me gustaría contarles como me hice vegetariana. En parte fue gracias a un compañero de colegio que repartía panfletos y en parte por el novio de una amiga que era vegano. De ambos lados recibía mucha información y fue inevitable sentir curiosidad por tal dieta y estilo de vida. Comencé a investigar el tema con una cierta obsesión, como me pasa cada vez que me intereso por algo.

Mi primera reacción fue que no podría dejar la carne. Admiraba mucho a los vegetarianos, pero la carne me gustaba… bueno, quizás no mucho (siempre fui regodiona para comer carne), pero sí lo suficiente como para que dejarla fuera una suerte de sacrificio. Sin embargo, un día comí vienesas y sentí asco. Se me venían a la mente todos los datos que había leído: desde aquellos relacionados con el sufrimiento animal, hasta aquellos referentes a la mala distribución de los alimentos. Ahí fue cuando decidí dejar de comer carne, en agosto del 2007.

Al principio fue difícil, especialmente porque varias de mis comidas favoritas contenían carne (chapsui de pollo, kibbeh, lasagna) y también porque estaba tan acostumbrada a comer ciertas cosas que olvidaba que contenían productos animales (por ejemplo, al día siguiente de decidir ser vegetariana, me comí un pan con paté sin darme cuenta xD). La idea original era ser vegana y dejar también los huevos y la leche. Pero no se pudo: la cuestión estaba causando muchos problemas en mi casa y la verdad es que algo tenían de razón: ¿de dónde iba a obtener mis proteínas? No tenía ni tiempo para cocinar, ni dinero para suplementos. Y mi mamá, en aquel tiempo, no estaba dispuesta a cocinar comida especial para mí (digo en aquel tiempo, porque ahora y después de que mi hermana también dejara la carne, mi madre nos prepara cada vez que puede platos vegetarianos). Además, los productos vegetarianos enriquecidos (como la leche de soya, las hamburguesas y vienesas vegetales, entre otros) costaban muy caros. Me terminé conformando con ser ovo-lacto vegetariana, pero siempre estuve decidida a ser vegana algún día, cuando se pudiera.

De a poco esa promesa que me había hecho se fue diluyendo. Cada vez que pensaba en dejar los productos de origen animal, surgían inconvenientes. Además, sentía que los veganos se estaban poniendo muy extremistas. Mientras que las páginas que leía en el 2007 invitaban con palabras cordiales a seguir tal estilo de vida, en años posteriores fueron surgiendo sitios que “condenaban” a aquellos que seguían consumiendo productos de origen animal. Nosotros eramos malos, ellos buenos. Eso me desagrado e hizo que me alejara del veganismo.

Sin embargo, hace tres meses, decidí hacerme vegana. Lo que gatilló aquel cambio fue el nacimiento de mi hija. Cada vez que le daba de mamar a mi beba, sentía pena por aquellos terneros que no tenían la oportunidad de ser amamantados. Me sentía culpable por consumir una leche que estaba destinada a ellos. También sentía culpa por comer huevos que quizás las gallinas hubieran empollado para que sus hijos pudieran nacer. No sé, fue extraño. Me cuesta trasmitir con palabras la tremenda pena que sentía por aquellos animales. Lo peor de todo fue que mi hija no quedaba conforme con tan solo mamar y le daba una o dos mamaderas al día con leche de fórmula, lo cual aumentaba la culpa.

La cosa es sentí que no podía seguir consumiendo esos productos. Comencé nuevamente a investigar y a ahorrar dinero para comprar productos veganos. Compré tarros de leche de soya y hamburguesas vegetales enriquecidas con calcio, levadura de cerveza y chocolate en polvo con vitamina B12, productos ricos en hierro, etc, etc. Me pasé un buen rato de supermercado en supermercado encontrando productos veganos, haciendo listas de dichos productos (¡¡llegué a encontrar una margarina vegetal!!), anotando los valores nutricionales de cada cosa… Incluso, apenas salí de vacaciones, comencé a experimentar con las recetas que encontraba en Internet.

Es una lástima que todo el esfuerzo terminara en esto: he vuelto a ser ovo-lacto vegetariana. El principal problema creo que fue la falta de tiempo para cocinar. Era complicado cocinar todos los días en una casa donde los demás también deben preparar sus comidas (nadie más en mi hogar es vegano). Además, no podía ir a la feria todos los días, por lo que no siempre tenía verduras o frutas suficientes. A esto se suma que los productos vegetarianos siguen siendo caros, al menos para mi bolsillo, y no podía gastar en ellos más de una vez al mes. Lo mismo pasaba con los suplementos. Todo esto me lleva a pensar si será posible el veganismo para una persona pobre en Chile. El gasto de plata es más o menos grande y más encima, Chile tiene muy pocas frutas y verduras comparado con otros países, como por ejemplo Brasil.

Pero bueno, espero que este intento no sea el último. Tengo planeado volver a ser vegana, pero no por ahora. Esperaré un tiempo hasta que mi beba crezca o hasta que pueda irme de mi casa (¿en diez mil años más?). Supongo que seguiré sintiéndome culpable xD Pero al menos ahora ya tengo una tremenda lista de productos veganos en el mercado y cuando quiera darme un gusto optaré por estos en lugar de los otros. También trataré de comer lo justo y necesario de productos animales (por ejemplo, no tengo necesidad ni de manjar ni de leche condensada). Tal vez algún día sí tenga los recursos para mantener esa dieta. O, con el aumento de vegetarianos que hay en Chile, quizás ser vegano se vuelva más barato. Espero que así sea.